El Bigotes es un personaje que muchos aman y otros odias, pero nadie puede ignorarlo. Aquí les dejo un podcast en donde El Bigotes nos platica su vida, tanto en lo personal como en lo relacionado al futbol. Espero que les guste.

¿Cómo nace tu afición por el futbol?

Toda mi vida ha existido el futbol. Desde muy pequeño lo jugué. Yo vivía en la 17 norte, entre Reforma y la 2 Poniente, calle que no era muy transitada y que se prestaba para el futbol callejero. Ahí comencé a jugar. Mi posición era de centro delantero. Un buen día un amigo de la colonia me vio y empezó a patrocinarme viajes a Guadalajara, para que fuera a jugar con un equipo de allá.

¿Cuántos años tenías?

Dieciséis, tal vez diecisiete. Jugaba en un nivel que no era ni profesional. Después ingresé a la licenciatura en Contaduría. Al acabarla, me fui a vivir a Matías Romero, en Oaxaca, donde entré al equipo Tampico Madero. Estuve un tiempo, hasta que me llamaron del Cruz Azul y me moví a jugar con ellos. Éste fue mi último equipo y la última vez que jugué formalmente, pues hubo cosas que no me agradaron y que llevaron a mi salida.

¿Qué no te gustó?

Todos los requisitos que pedían. Ahí fue que me di cuenta que la dinámica del futbol callejero era muy distinta a la del futbol profesional. Y como era medio rebelde, terminé por abandonarlo.

¿Cómo sucedió tu acercamiento a la porras del futbol?, ¿en qué año fue?

Después de haberme salido de los entrenamientos me metí a la porra del Puebla con Vélez Rendón. Él me introdujo. En ese entonces no existían los Lobos ni los Estudiantes de Puebla –que era el equipo del Puebla. Era el Puebla o nadie.

Me mantuve ahí hasta que descendió el equipo. Después de eso nos corrieron.

¿Por qué los corrieron?

Porque descendió y no querían problemas. Un buen día, cuando el equipo tenía partido, llegamos y no nos dejaron pasar. Les argüimos que veníamos a apoyar al equipo y los de seguridad nos dijeron que no había autorización para dejarnos entrar. Pero nadie habló con nosotros. Ni los dueños ni los encargados. Entonces emigré a los Lobos.

¿Y qué tal tu estancia con los Lobos?

Buena, muy diferente a la del Puebla. Los Lobos representan más que el Puebla a la ciudad. Muchas personas le van a éste nada más porque lleva el nombre de la ciudad, pero la verdad es que poco tiene que ver con la misma. Los Lobos, por el contrario, sirven más de referente por ser parte de la universidad del estado. Sin embargo, las personas siguen yéndole al Puebla. Y es normal. Han puesto empeño en su diseño, en su concepto. Pero eso no me desanimó a ir a ciertas partes de la ciudad a invitar a la gente a que asistiera a los partidos de los Lobos. Y me ponía feliz ver que respondían con entusiasmo, ver que les interesaba conocer el equipo.

¿Cuál ha sido el Lobos que más te ha gustado?, en el que hayas encontrado más armonía, que jugaba mejor, que hacía clic con las personas.

El tiempo que estuvo Huachigol [López], que abarcó del 2003 al 2007. Varias personas apoyaban al equipo tras la cancha y eso ayudó a que funcionaran bien las cosas.

¿Cómo ha sido la vida de ‘El Bigotes’ en la porra? Porque bien sabemos que esto consume tiempo, mismo que podrías invertir con tus seres queridos. ¿Cómo has sobrellevado esto?

Con altibajos. Mi actividad en la porra afectó de un modo u otro a mi dinámica familiar. Hubo distanciamientos en mi familia. También surgieron problemas en mi vida laboral. Pero poco a poco fui reponiéndome. Las personas me alentaban, me decían que liberara esa tristeza o me olvidara de ella cuando estaba en la porra. Sorteé los malos ratos de mi vida gracias a esto: al apoyo de las personas, a la ayuda que recibí de personas como los rectores de la universidad, a la misma afición y al equipo.

Sin embargo, conservas tu humor y estado de ánimo al momento de los partidos, cuando estás en la porra…

Son cosas que llevo a la cancha para instar a la gente a que se anime. Todo lo dicho en los partidos sale de mi vida en la calle, en el mismo futbol y con mis amigos. Nos reuníamos y nos contábamos chistes, albures, estupideces en general. Ello me ayudó bastante a construir los comentarios que lanzo en los partidos.

Y con ello la porra ha respondido bastante bien…

Es como un estímulo. Nos ponemos a jugar incluso con las personas ajenas al partido, como los policías, los de las chelas, los fotógrafos de medios. Les gritamos groserías, cotorreamos con ellos. Pocas porras hacen eso, no veo que alguien salga a hacerlo. Y también, gracias a eso, ha llegado el reconocimiento de los medios de comunicación. Por ejemplo, un comentarista de TV Azteca habló sobre mí en una transmisión y la atención comenzó a ser más notoria.

¿Has tenido problemas con alguien durante este tiempo?

Los roces con la gente siempre existen. Desde comentaristas hasta administrativos de la universidad, todos me han dicho en algún momento que me tranquilice. Había una comentarista de Lobos que nos molestaba mucho y ni siquiera sabía lo que decía. No conocía a los jugadores ni los apodos que teníamos. Pero siempre me he mantenido al margen.

Lo que intento es que la Federación Mexicana no nos multe, ya que ellos lo hacen todo el tiempo y sin aparente razón. En su reglamento tienen estipuladas algunas prohibiciones para las porras, por lo que tratamos de romperlas.

 

 

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