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¿Cómo nació este libro?

Si pudiera rescatar uno de los momentos más felices de mi niñez, sin duda es cuando salía a jugar a la calle futbol allá por el año de 1986. No fui a ningún partido del mundial porque no tenía ni un quinto, pero seguí todos los partidos por televisión, sobre todo los de México y Argentina.

Ese año tenía una pregunta existencial ¿Ser como Manuel Negrete o como Diego Armando Maradona? Click To Tweet
Paul Moreno, yo y Rodrigo Durana

Sí, jugaba en la calle con mis amigos y me iba narrando cada una de las jugadas; me imaginaba como Diego llevándose a uno, dos, tres, hasta llegar al área del enemigo y meterla.

 

Cuentan las malas lenguas que yo era bueno jugando, pero después algo pasó; no sólo me distancié, sino que hasta llegué a odiarlo. Cuentan las malas lenguas que después de fallar una clara llegada de gol contra el Instituto Oriente dije: ya no más, esto no es lo mío. Ni hablar.

Ignacio Basaguren y yo

Después vino la adolescencia y el futbol era el pretexto perfecto para destapar las cervezas y ponernos hasta las chanclas. Tengo un recuerdo en especial muy, pero muy divertido. Fue en el Mundial de 1994. México jugaba contra Bulgaria y en la ronda de penaltis García Aspe, Marcelino Bernal y Jorge Rodríguez fallaron y con eso (como casi siempre) nos despedimos del mundial.

En esa ocasión, varios amigos fuimos a una cabaña en Valsequillo. Formamos las botellas que nos íbamos tomando y se dibujaron varios metros.

El gol de México lo celebramos como verdaderos orangutanes, mucha patada y golpes que hablaba de la frustrante adolescencia que vivíamos en medio de familias de doble moral poblana y una escuela conservadora que potenciaba la furia de los adolescentes.

Perder en los mundiales es una cruda física y espiritual. Así lo platican muchos y ese día fue la primera vez que lo experimenté. Salimos de la casa de Valsequillo de nuestro amigo y regresamos a Puebla en silencio y con una cruda increíble. Yo le pregunté a uno de mis amigos si me podía quedar un rato en su casa en lo que se me bajaba un poco la borrachera que traía. Él me dijo que sí. Otro amigo se pegó y los tres nos enfilamos hacia la puerta. Mi amigo entró a su casa y nosotros estábamos a punto de hacerlo; sin embargo, me contuve porque vi que estaba toda la familia reunida y no podía arruinar esa escena maravillosa de la sociedad poblana. Así que no entramos. Imagínense cómo andaba mi amigo que días después nos platicó que hasta nos presentó con su abuelita.

-Mira abue, este es el Cartas, es el que siempre me sonsaca para irnos de borrachos.

 Ni hablar. Creo que todo el mundo tiene una buena anécdota sobre el futbol. Ese fue el objetivo de hacer este libro. Convocar a la audiencia, a los amigos de Radio BUAP a que nos compartieran una anécdota, sus vivencias, un pedacito de su memoria futbolera. La idea la fuimos cocinando entre Pablo Prieto y yo. Armamos una convocatoria y la verdad es que nos fue muy mal. Creo que sólo llegaron un par de textos. Sin embargo, no creímos que fuera conveniente abandonar el proyecto. Así ideamos una estrategia para lograr nuestro objetivo.

            -¡Nos vamos a dar un encerrón y no nos vamos hasta que esa crónica esté terminada!

 Eso fue lo que le dije a Pablo Prieto. Y en tres días, teníamos un espacio maravilloso del Complejo Cultural Universitario de la BUAP y cerca de una veintena de futboleros dispuestos a pasar cinco horas encerrados escribiendo. Muchos amigos llegaron y también tuvimos la oportunidad de recibir a grandes personalidades del futbol en Puebla. De hecho, quisiera agradecer a Angélica Chevalier su apoyo y sus ideas para hacer crecer este proyecto. Sí, cuando nos dimos cuenta, la reunión-taller-maratón futbolero se estaba convirtiendo en un acontecimiento. Sólo con el futbol se podría hacer una reunión de este nivel.

Y entonces todo se hizo realidad. Al dar las dos de la tarde tenía todos los textos y una sonrisa de haber logrado nuestro objetivo. Creo que este es buen ejemplo de lo que se puede lograr a partir del trabajo en equipo. Claro, que siempre hay personas importantes que su apoyo y decisión son fundamentales para que logren iniciativas como esta. Quiero hacer público mi agradecimiento al Mtro. José Carlos Bernal que confió y apoyó el evento. También a Pablo Prieto, Angélica Chevalier, Sergio Ubaldo, Américo Vázquez, Alfredo Guerrero, Sofía Abundis, Denzel y Kevin Hernández, Gerardo Ramírez, Pepe Hanan, Ricardo Hernández Esparza, Paul Moreno, Carlos Poblete, Ignacio Basaguren, Fernando Trujillo, César Cercado, Tiago Diaz, a todos los autores que nos dieron su tiempo y que compartieron sus sueños futboleros.

 

 Edificio Carolino, junio de 2018

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