Regresamos a la andadas, Lobos le gana al Azul

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Sí, regresamos a las andadas. Los lobos a la victoria y yo a escribir mis crónicas sobre los partidos. ¿Ya les conté que estoy con la idea de hacer un libro? Estoy pensando qué formato darle ¿novela? ¿libro de crónicas? ¿Ustedes qué dicen? ¿Qué me recomiendan?

Sí y regreso en un día especial. El sólo y el aire de ese sábado en sus primeras horas estaba cargado de aromas suaves.

Tenía muchas cosas que hacer, pero lo primero que hice fue pedirle a una de mis hermanas que orara y que pidiera por los Lobos. Yo no lo hice porque tengo la sospecha que siempre que cuando pido algo, siempre sale todo al revés, sí como que anda un poco mal mi relación con los poderes superiores ¿así se dice, no?

Este partido era uno de los que esperaba con más gusto, ya que era el momento en que mi sobrino Daniel se tenía que decidir a quién irle ¿Lobos? ¿Cruz Azul? Dicen por ahí que tuvo un fuerte crisis para ver qué playera ponerse, así que decidió ponerse cualquiera que no fueran alguna de esas dos. Su papá, mi cuñado Daniel no dudó, él sí se llevó su playera de los cementeros con mucha felicidad. Así nos fuimos los cuatro al partido. Los danieles, Israel (bróder de toda a vida) y yo.

Israel es poblano pero desde hace 20 años vive en la Ciudad de México, estudió en la Prepa Zapata por algún momento, creo que en 1995 ó 1996, así que la imagen de la Universidad es lejana. Cuando vio el estadio se sorprendió y recordó que los montes de tierra que había ahí, donde ahora se viven los partidos de Lobos.

Ustedes saben que cada partido de Lobos en la mayoría de los casos me voy con la Vagancia o con el Bigotes. Ahora tuve que irme por otro lado, no podía exponer a mi cuñado a llevarse, por lo menos, una mentada de madre. Busqué un buen lugar junto a la porra del Bigotes y todo comenzó. Desde los primeros minutos todos nos dimos cuenta que Lobos tenía un espíritu renovado, como el que tuvo en los primeros partidos de esta temporada.

Al verme el Bigotes me dijo:

-¡Qué onda! ¿Qué haces ahí? Vente a echar desmadre aquí.

-No puedo mi Bigotes, vengo con mi cuñado que le va al Azul.

Creo que al Bigotes en ese momento le iba a dar algo porque se quedó muy serio y después contestó.

-No hay pedo, nomás dile a tu cuñada que se vaya más para allá.

Sonreímos todos, incluyendo mi cuñado.

Pocos minutos después vino el primer gol de lobos y gritamos como locos, yo cerré los ojos y le di gracias a mi hermana por haber hablado con las fuerzas mayores y recomendar a nuestro equipo. Apenas estaba sentándome cuando vi que venía el Bigotes de nuevo y directamente a mi cuñado.

-Oiga, no hay pedo, todo está bien, nomás faltan 4 más.

Volvimos a reír. El clima estaba maravilloso. Un calor que si bien llegaba con fuerza, la cerveza nos hacía tomar fuerza y de pronto el segundo gol. ¿Es real? ¿Está sucediendo? ¿Dios sí existe? Miré al cielo comencé a mandar besos a las nubes, a los drones, a los pajaritos que andaban por ahí y cuando estaba en eso volvió a aparecer el Bigotes en el lugar de mi cuñado.

-(En realidad no pude escuchar lo que le dijo en esta ocasión) Sólo alcancé a escuchar algo que tenía que ver con Albañiles. Mi cuñado estaba muerto de risa. Por lo menos olvidó que su equipo estaba perdiendo. Nos fuimos al medio tiempo y aprovechamos para ir al baño y sobre todo para ir por más cerveza.

En tercer gol fue una locura. Y desde luego, el Bigotes se hizo presente. En esta ocasión ya no dijo nada, pero su carcajada era inmensa como para tragarse todos los sueños de los azules que ya comenzaban a dejar el estadio. Ganamos, fue increíble, di gracias. Y ahora regreso a las andadas. Esperen la crónica de Aguascalientes.

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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