Domingo de horror: ¡4 horas en Urgencias del IMSS!

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Hora Uno

Como muchos de ustedes ya sabrán, mi padre, el hombre de 87 años tiene cáncer de próstata. Al parecer es tratable, pero no deja de ser un tremendo golpe para la familia a menos de medio año de la muerte de mi madre. Pero bueno, aunque ya declaré muerto mi clásico Domingo Sangriento, hoy quisiera darle un poco de aire, revivirlo con un poco más de condimentos de horror. Resulta que mi hermana Lupita me pidió que llevara a mi papá a Urgencias porque ya se estaba escapando el orín de la bolsita de su sonda. Claro, le dije y en menos de una hora ya estaba ahí recogiendo a mi señor padre para llevar a Urgencias (omito el detalle, aunque tampoco creo que haya mucha diferencia entre unas y otras). Fuimos mi sobrino Dany y yo. Lo primero que hice fue presentarme con la recepcionista para explicarle el por qué de nuestra presencia:

Hora Dos

Me paré con la misma señorita: “Oiga (siempre con la sonrisa) fíjese que se le está saliendo el orín a la bolsita, cree que le pueda pasar. “Ah, sí, ahorita checo”. Salió de su cuadrito de cristal y se metió a los consultorios….

Hora Tres

Después de 60 minutos y ver pasar a todos los pacientitos que estaban sentados la chica volvió a aparecer. “Se va a tener que esperar, cambiar la bolsita no es una emergencia”…Está bien, -me dije, efectivamente no es un caso de vida o muerte a pesar de que se trata de un hombre 87 años, pero bueno. Nos esperamos estoicamente…

Hora cuatro

¡Cartas Cabrera Ricardo! Nos paramos como si fuéramos a cobrar herencia. Mi papá se puso frente a la doctora que preguntó:

-¿En qué le puedo ayudar?

-Doctora, vengo a que me cambie la sonda

-¿Cómo?, pero si eso no es una urgencia, no podemos cambiarle aquí su sonda, eso lo tiene que ver en una consulta normal, por la tarde.

¡CHINGADAMADRE!

 

Cada palabra me iba llenando de furia, de ganas de sacar mi sable ninja y cortarle la cabeza a la doctora esta.

-A ver, permítame. Llevo aquí tres horas y yo le dije a la recepcionista a lo que venía, si ustedes me hubieran dicho desde el principio lo entendería y me hubiera regresado, pero después de todo este tiempo me salen con eso, perdóneme, pero por respeto a mi papá lo tiene que atender.

-Pues no –dijo la doctora que también estaba sacando si sable para cortarme la cabeza.

-¡Cómo no! Además, deme su nombre en este momento y voy a ir con las autoridades para decirles que usted no lo quiere atender.

-No es mi culpa, es de la recepcionista que es nueva. A ver, llama a la fulanita.

-Diga

-Mira nada más lo que provocaste, por qué me los pasas.

-Yo le dije, entré y le dije.

-Ya ve, cómo se la quita muy fácil. A ver, ¿qué número de sonda es?

-Pues no sé, pero si alguien me hubiera preguntado desde el momento en que llegué cuál era el número de sonda lo hubiera investigado.

-Pues más se va a molestar conmigo si no tenemos del número. Está bien, ya pásalo.

En ese momento miré hacia el exterior del consultorio en donde ya estaba el muchacho de seguridad y todos los pacientitos viendo.

-Esperen allá afuera.

 Epílogo

Mi papá estaba sonriendo con su nueva sonda.

-Ay joven, gracias por los chocolates. No se hubiera molestado.

-Y ahora hasta con chocolate. ¿Es un Chocolate sabor a mentada?

La doctora, la enfermera y yo guardamos los sables e hicimos las paces. Después de 4 horas horrorosas salimos de Urgencias del IMSS.

 

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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