Llegar a los 39 y todo sereno

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Bueno, no tan sereno, en realidad muy ajetreado casi siempre, pero el estar a punto de subir al cuarto piso me obliga a preparar los próximos días de mi vida que de pronto se hacen más cortos. En la semana pasada me dediqué a preguntar a varios amigos cuarentones y cincuentones cuál había sido su experiencia en esta nueva década. Y hubo de todo, desde los que me dijeron que no los habían sentido por tanto desmadre, hasta los que entraron en razón y le apostaron por la estabilidad familiar.

Pero en donde coincidieron todos es que es los cuarenta, a pesar de aún sentir los últimos chispazos de juventud es una edad en donde las crudas son más insoportables y en general todo cuesta un poco más de trabajo.

Es decir, dejar de hacer lo correcto y hacer lo apasionante, aunque a nadie le interese, aunque sea lo más absurdo. Claro que se escucha muy sencillo y romántico, pero llevarlo a la práctica no es nada fácil; sin embargo, hay que hacerlo inevitablemente porque a eso venimos al mundo, a intentarlo, a fracasar y a cagarnos de la risa de nuestras tonterías, que se convertirán en excelentes anécdotas que nuestros hijos, nietos y quién sabe hasta dónde se contarán. Creo que es lo mejor que le puede pasar a alguien, ser recordado en una comida, en una cantina por la cantidad de locuras que llevaste a cabo. Nadie recuerda al disciplinada, a nadie le causa sorpresa un hombre equilibrado. A los 39 eso es lo que creo, ya veremos cómo se presenta el futuro; por lo mientras les cuento que hoy desempolvé mi guitarra eléctrica e intenté tocas. Pfffff, soy el más chafa del mundo, pero no importa, estuvo divertido y mañana me saldrá un poco mejor.

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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