¿Dónde está mi libro de mostros?

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¿Se acuerdan del post que hice sobre “Los libros que a las mamás no les gustan pero a sus hijas sí”, bueno, pues con la misma anécdota hice un cuento para niños que próximamente se publicará. Por cierto, si alguien está interesado en ilustrarlo puede mandarme un mensajito. A ver qué les parece.

¿Dónde está mi libro de mostos?

La noche es el momento de los mostros. Eso lo sabía muy bien Indira. Cuando el sol se despedía iniciaba el momento en que bajo la mesa, en el closet o entre sus peluches, podría aparecer el mostro preferido.

El timbre se escuchó.

Claro, era el papá de Indira que regresaba del trabajo con su cara de mostro, la cual cambió un poco gracias a los millones de besos que Indira le dio a su papá.
Después se fue corriendo a su habitación para ir en busca del libro de mostros que cada noche el papá mostro le leía a su hija. La niña Indira buscó en su librero, en el librero de su papá, en el librero de la sala, habló por teléfono con sus abuelos y sus tías y nada de nada.

El libro de mostros nunca apareció.

-¡Mamá, dónde está mi libro de mostros! –gritó Indira.
-Yo no sé nada de nada, pero hoy pasé por la librería y me encontré con este libro

La mamá de Indira abrió su mochila y sacó un regalo envuelto en papel rosa, con un moño rosa y de ahí sacó un libro rosa con unos seres monstruosamente rosas.

-Ya viste, es la segunda parte de los Duendes en el bosque rosa, cuentos para princesitas rosas.…es lo que siempre habías querido.

Indira hizo cara de guácala y se llevó el libro rosa a su recámara. Después como todas las noches el papá mostro fue con ella a su habitación para leer historias, aunque no se supiera nada de nada de los mostros.

-¿Dónde está mi libro de mostros? –le preguntó Indira a su papá.
-Están de vacaciones pero no te preocupes, vas a ver que regresarán.
-No me gustan los duendes rosas, me dan miedo.
-¿Y Fafnir, el dragón?
-Nada, nada de nada.
-¿Y el cíclope que pelea con Odiseo?
-Nada papá, no me dan nada de miedo.
-Pero el ciempiés gigante sí, un poquito.
-Nada
-¿Ni la araña gigante?
-Nada de nada
-¿La mujer serpiente?
-Nada de nada
-Ya sé cual sí te da miedo…las Gorgonas…sí, verdad que ellas sí.
-Bueno papá, las Gorgonas sí, un poco.
-¿Y qué te parece si les escribimos una carta para que regresen pronto? –le dijo el papá mostro.
-Pero aún no sé escribir
-Yo te ayudo…

Queridos Mostritos de mi libro de historias de mostros:
Ay, no saben cómo los extraño. Aunque mi mamá piense que me producen pesadillas la verdad es que me hacen mucha falta. Después de escuchar sus historias sí siento un poco de miedo pero después se me pasa y entonces cuando ya estoy sola en mi habitación sueño que abrazo a la Gorgona con sus cabellos de viboritas que a mí me caen bien porque siempre me hacen cosquillas y juegan con la mujer serpiente y la araña gigante. Y aunque el cíclope gruñón se enoje con nosotros y el ciempiés esté pasando por una crisis existencia, la verdad es que los extraño mucho, pero mucho mucho. Mi papi me dijo que andan de vacaciones, ¿me pueden traer algo? Una muñeca o un dulce. Aprovechen sus vacaciones y aquí los espero con mucho amor.
Atte. Indira la mostra

Al terminar la carta Indira dobló la hoja, dibujó un corazón con dos arbolitos y se la entregó a su papá para que la llevara al buzón. El papá mostro la arropó y le dijo que ya era hora de dormir.

-¿Crees que regresen? –le preguntó Indira a su papá.
-Claro, tarde o temprano ellos tendrán que regresar.

La luz se apagó.

Intentó dormirse, pero no podía, sabía que algo extraño estaba pasando. Así es que se paró de la cama y se fue a asomar a su ventana. Para su sorpresa ahí estaba Fafnir el Dragón que la invitó para que se subiera a su lomo. Indira no lo dudó ni un instante. Se subió y emprendieron el viaje más emocionante en la vida de Indira. Sobrevolaron la ciudad, el estado, el país, el océano hasta llegar a una isla en donde estaban todos sus amigos mostros vacacionando.

-Qué extraños se ven
-¿Por qué? Preguntó Odiseo, nunca has visto a alguien vacacionando y en bikini.
-Indira, qué bueno que llegaste –le dijo el Cíclope. Estamos aprovechando nuestras vacaciones y te extrañábamos mucho.
-Ven a nadar –le dijo la Mujer serpiente
-Sí, ven y después jugamos a las escondidillas –le propuso el ciempiés gigante.

Indira pasó una noche increíble, hasta jugó unos serios con las Górgonas y ganó hasta que Fafnir le indicó que era hora de regresar. Antes de que emprendieran el vuelo Odiseo se acercó a Indira y le dijo que extrañara el libro, que todo estaba en su cabecita llena de imaginación. Cuando aprendas a escribir, harás muchas historias.
Cuando Indira despertó se sintió que extrañara su libro y fue corriendo hacia la cama de sus papás.

-Soñé con los monstruos, estábamos en una isla y jugamos al mostro de las cosquillas y me metí a nadar con la Araña gigante y con todos los mostros que salen en mi libro y sabes quién estaba con ellos papá ¡las Górgonas! y ya no me dan miedo y sabes qué más me dijeron, que no hacía falta que regresara el libro, que podía imaginar todas las historias y después cuando sepa escribir puedo hacer un libro y esas cosas.

-¿Cuándo me enseñan a escribir?

Mamá se paró para irse a bañar y papá fue a preparar el café. Indi se cambió y cuando abrió el closet…

-Mamá, mamá, mis amigos mostros están en la casa, ya regresaron de sus vacaciones.
Mamá salió corriendo del bañó y al entrar a la recámara se desmayó. Papá al ver al a tanto mostro se fue a la cocina a preparar el desayuno.

-Indira, tu papá cocina muy rico –le dijo el Cíclope

Mamá, cuando recuperó la razón fue a la cocina y ya más relajada retomó el papel de mamá y gritó:

-A ver chamacos, se me meten al libro, pero antes me lavan esos trastes y me dejan la cocina limpia.
Los mostros no tuvieron de otra más que obedecer, no había nada más terrible que ver a una mamá enojada. Lavaron, barrieron y todo lo dejaron brillante de limpio. Y antes de entrar al libro. la mamá sacó su teléfono y los convenció de tomarse una selfie juntos. La subió a su Facebook y se fueron a la escuela. El papá mostro le entregó la carta a Indira, guardándola en el libro de mostros que llevaba bajo el brazo. ¡Qué padre final, no!

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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