Cuando eres rata de ciudad hasta el oxígeno te hace daño

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Ayer por la tarde me obligaron a ir a un lugar llamado Atzala, muy cerca de San Hipólito Xochiltenango (Tepeaca). Yo estaba a punto de entrar en esos sueños que te dejan en el plano de la inconsciencia cuando de pronto escuché gritos y desmadre y medio porque todos se iban a pasear a los perros del primo de mi esposa. Pinches perros -pensé. Desde luego que no iba a ir y aprovecharía el tiempo de silencio para echar un coyote cabrón…pero en ese momento entró mi hija.

-¿No vas a ir papá?

-Perdón hija, es que ayer no pude dormir bien.

-Entonces me quedo contigo…aunque yo quería ir contigo.

-Bueno, pues, vamos.

Así es que fuimos. Me puso mis gafas y me embarré de bloqueador. El camino estuvo padre y el calor sólo me hacía pensar en una corona, en ninguna otra más que en una corona, pero me tuve que aguantar.

Llegamos y sí, efectivamente estaba muy perdón el ranchito, pero en cuanto pusimos los pies en la propiedad un chingo de perros encabronados porque seguramente les interrumpimos el sueño, yo más que nadie sabía lo se sentía.

Mi suegra tiene un poder especial con los perros y los pudo controlar, desde ese momento no me le despegué, mi papá siempre me dijo que no me despegara de los que sabían y los que tienen, claro y de los que tienen poderes con los perros salvajes.

Los árboles estaban de lujo, perrones, como los que siempre había imaginado para mi casa. Lástima que en mi departamento pensar en árboles no es más que una mamada. Pero algún día -eso me decía, mientras caminábamos entre mariposas, plantas, flores y todo lo demás hasta que por fin llegamos al río; bueno, en realidad era un riachuelo.

-Papá, papá, me voy a meter al río.

-No manches hija, esa pinche agua está bien marrana, se te puede caer un cacho de piel.

-Noooooo, pero cómo crees, esta agua no es cochina

-Perdón suegra, pero como está negra.

Se ve que desde hace tiempo no pasaba carne humana por ahí. Claro, los únicos que no nos metimos fuimos mi suegra y yo que los veíamos desde lejos mientras nos comíamos naranjas y mangos.

-Tienes un mosco en la espalda

-¿Me lo mata?

-Va

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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