Lo que no se vio del concierto de Morrissey

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Foto: Churromán

Desde unos días antes tenía la pregunta rondando en mi cabeza ¿iré o no iré? Y ayer hasta las 6 de la tarde yo daba por hecho que me iba a perder el concierto, como ya se me ha hecho costumbre.

Tampoco me iba a quedar como Magdalena llorando por los rincones. Preparé mi plan de contención. Le pregunté a Jesús Aguilar si no se le antojaban unos tacos de “menudencias” que siempre frecuentamos y que se encuentran por los Héroes. Ya después les hablaré de esos tacos para que se den cuanto de lo que les hablo.

Era temprano y tenías altas probabilidades de que estuvieran cerrados. Llegamos y efectivamente ni siquiera se habían puesto. Así que fuimos a unos que estaban por ahí, malones pero llenadores. En ese momento, consultando los muchos grupos de WhatsApp en los que estoy, vi que mi amigo Everardo le preguntaba a Omar Croda sobre el concierto. De pura casualidad le lancé un reto:

IMG_20170405_174404_687_opt Y después recibí este mensaje personal:

IMG_20170405_174659_442_opt Y resultó efectivo, Everardo se había ganado un par de boletos en Radio Disney. Así como lo oyen. Ahí voy con mis ocho tacos y mis ganas de rockear por mi amigo Everardo. Llegamos a tiempo y la verdad apostábamos que no se llenaría, pero afortunadamente sólo se quedaron unos cuantos asientos vacíos. Por lo mientras esperábamos la llegada del Churromán y el Chino que ya venían en camino.  Mientras tanto me encontré con amigos, amigas, gente que conocía a otros amigos y amigas, papás de mi hija, exalumnos, exalumnas, chicos que estuvieron haciendo servicio social en la radio, artistas que iba a entrevistar al otro día, amigos escritores que me reclamaban en twitter cómo fue que había metido cerveza al auditorio, ex novias de amigos, wow, qué viaje.

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Foto: Churromán

Ya dentro del auditorio todo fue felicidad, bueno, casi todo, más bien casi todos. No sé por qué siempre me da por buscar personajes extraños dentro de los conciertos los cuales acaparan mi atención, más que el propio concierto. En la fila de abajo había un señor, no sé, de unos sesenta años quizá que seguramente llevó a su hija. El tipo tenía la peor vibra del mundo y su pobre hijita no sabía ni dónde meterse, bastó un pequeño roce de una pareja que cruzó en su camino para que el tipo se pusiera como loco. Ni hablar. Lo observé y era el único ser vivo que no se inmutó en todo el concierto. Creo que nada más parpadeaba cada media hora.

Canté las canciones que me sabía y al acabar los amigos nos fuimos a los tacos de las Humaredas, qué cosa tan más hermosa, aunque la verdad me sentí un poco mal de haber comido tanta carne después del regaño de Morrissey.

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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