Cambia el mundo aunque tú no cambies: Trainspoting 2

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En 1997 tenía el pelo largo, un par de pantalones y todas las playeras las usaba al revés. Ingresé a la Universidad después de haber experimentado la peor de las decepciones ideológicas con las izquierdas. La vida era aburrida, oscura, aburrida, oscura como un túnel en donde no se veía la luz al final, pero sabías que ahí, al final habría un barranco, una vida dócil, el retrato de un animal moribundo en cautiverio.

Hace un par de semanas, cuando sabía que ya venía la película, le pregunté a varias personas con buena educación cinematográfica para ver si valía la pena ir. No sé, eso de las segundas partes nunca han sido buenas, pero nadie me decía gran cosa. Se reían y después terminaban diciendo: ve a verla pinche Cartas.

Y fui, sí, el fin de semana pasado con el buen Churromán. Los dos sabíamos que podría ser una gran noche o algo terrible.

2017, sala VIP con un helado de queso con zarzamora, sillones de piel, reclinables, meseros. Veinte años después el mundo había cambiado. Me duelen los riñones, las desveladas me matan. Trato de dejar de fumar. Detesto las crudas. El mundo cambia, pero yo sigo pensando que la vida es gris, aburrida, oscura como un túnel en donde al final hay un barranco…

 La historia para qué se las cuento. Yo les puedo decir que es una gran película porque da directo en la nostalgia. Los perdedores siempre seremos perdedores y nos encantan este tipo de historias. El mundo oscuro nos determina, pero tenemos breves lapsos de locura y felicidad. Ahí es donde cobra sentido la vida.

Deja caer la aguja en el acetato. Allá afuera todo está mal, mientras tanto baila, baila, baila, baila, baila, baila, baila, baila.

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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