Historias en el OXXO #1…Pero si está abierto, joven

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La cultura no es otra cosa que un número incierto de repeticiones que nos convierten en maquinistas irracionales. ¡Qué profundo me estoy volviendo! En estas fechas, ustedes saben, las reuniones y convivimos están a la orden del día. Yo fui a los correspondientes aunque debo de confesar que cada año son menos, o ya tengo menos amigos o estos han llegado a la edad en donde guardarse en casa es el mejor regalo. No sé. Pero no hay reunión en donde no se tenga que pasar a los pits, al OXXO por el six de 12 o la salsa Valentina, las botanas, cigarros, no sé, cualquier porquería.

Todos tenemos en la cabeza la idea de poder entrar al OXXO no sé, quizá hasta las 10 u 11 de la noche y pasearnos por sus bien iluminados pasillos. Después de esas hora permanece cerrado, pero el servicio continúa por la ventanilla, de donde siempre aparece el muchacho con casaca roja y  con cara de “déjame dormir culero”.

Tenga la cara que tenga el chico de la casaca roja del OXXO te llevará tus chunches, después se irá a jetear.

-¿Con qué billete me vas a pagar?- ¿Se acuerdan? Bueno, pues unos amigos con los que apenas me reuní fueron al OXXO por unos cigarros cerca de las 12 de la noche. Atarantados por las cervezas que llevaban al llegar al OXXO tocaron en el cristal para el que muchacho los atendiera. Al principio el joven los ignoró ¿se pueden imaginar cómo nos vemos cuando estamos tocando en el OXXO? Seguro que estos muchachos saben distinguir a kilómetros cuando se trata de un borrachín cualquiera. Y yo creo que los ha de ver visto muy cualquiera porque no les hacía el menor caso. Uno de mis amigos como que se comenzó a molestar y tomó su encendedor para tocar más fuerte en el cristal. Ante el acto de “furia” el chico de la casa roja comenzó a reír, el tipo no se podía aguantar las carcajadas al ver a mis amigos afuera, tocando en el cristal.

-Este cabrón qué le pasa, ¿por qué se está riendo de nosotros? -dijo uno, mientras le gritaba muy fuerte, con ánimo para que el mensaje pudiera atravesar el grueso cristal.

Entonces el muchacho, sin poderse aguantar la risa fue hacia el aparador en donde estaban los cigarros, tomó un paquete de Camel y se dirigió a la puerta que a pesar de ser media noche aún permanecía abierta.

-Te cobro aquí adentro amigo

-Ya ves pendejo, estaba abierto.

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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