Las rojas son las carreteras

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Título: Las rojas son las carreteras

Autor: David Martín del Campo

Editorial: Joaquín Mortiz (Nueva Narrativa Hispánica)

ISBN:

Año: 1976 (primera edición)

David Martín del Campo nació el 21 de enero de 1952 en la Ciudad de México. Ha publicado cerca de cuarenta títulos[1] desde 1976, año en que publica su primera novela Las rojas son las carreteras a los 24 años, cuando el autor estaba a la mitad de sus estudios superiores de Comunicación en la UNAM.

La novela de David Martín del Campo no es propiamente una novela del 68, el tema central no es el movimiento, ni busca entre las entrañas políticas a los líderes y traidores del movimiento estudiantil. Es más, ni siquiera se encuentra la denuncia,  acción que funda y determina a las novelas del 68. 

Ya que no eran objeto de censura. Sin embargo, no sólo los jóvenes politizados vivieron el 68, de hecho la gran mayoría de jóvenes que participaron en el movimiento no eran militantes de la izquierda, sino miembros de la clase media mexicana que buscaba nuevas rutas de desarrollo económico, social y espiritual. Esa clase media mexicana que adquiere cierta independencia ante el Estado es la que busca democratizar las instituciones, crear atmósferas sociales más incluyentes y menos conservadoras. Su condición económica les permite estar dentro de las universidades y desde ahí crear movimientos como el del 68.

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Mucha de esta postura clasemediera se observa en obras como La invitación de Juan García Ponce, Que la carne es hierba de Marco Antonio Campos, El león que se agazapa de Norberto Trenzo y Las rojas son las carreteras de David Martín del Campo. Estas historias están alejadas de la convulsión política.

Y digo que es aparente, porque Las rojas son las carreteras es una novela que funciona como una metáfora de los días posteriores al 2 de octubre, es la imagen de una resaca social de los jóvenes clasemedieros, marginales que participaron de forma directa e indirecta en el movimiento.

La línea dramática principal de la novela consiste en dar seguimiento a un grupo de jóvenes universitarios de clase media que tenían una participación moderada en el movimiento: Polo, Ícaro, Henri, Güili, entre otros, así como el propio narrador protagonista. Éstos, son jóvenes de clase media que se inscriben en el movimiento porque era el único reducto social que les daba perspectivas alternas a la realidad que vivía México en ese momento.

Hay que destacar que una de las principales características de la clase media es su continuo cuestionamiento sobre el mejoramiento de su vida en los aspectos políticos, económicos y espirituales:

Me estoy cayendo para dentro. No soy, no estoy sudando en mi cama. Sí, sí, una gripita, qué fácil ¿no? Lo que necesito no es un desenfriol, lo que necesito es un psiquiatra, un sacerdote, un policía, un licenciado, una mujer, un poco de paz, descanso, alegría, sol, lo que sea, pero que ya se acabe todo. (156)

Son un sector de la población que gracias a una relativa estabilidad económica puede dedicar tiempo a plantear un futuro más próspero; pero también son hijos del consumo, de la cultura pop norteamericana que más allá de afectar o de “atentar con los valores nacionales”, sirvió como catalizador que convirtió a los jóvenes de esa década en protagonistas de grandes cambios sociales y artísticos:

Yo soy hijo de todo ello: mi tiempo son los días atómicos, televisados y enajenados. Soy hijo de Hiroshima, Ruiz Cortínez, Joaquín Capilla, el gerber, los refrescos pe, Haudy Duddy y Hopallong Cassidy, Tin Tan y Capulina. Los Teen Tops son mis alegres padrinos infantiles y Mary Poppins mi causa adolescente. El cordón umbilical se extiende desde el infinito, mezclando rezagos catalanes y purépechas, y termina al proferir mi nombre: me llamo Gabriel Murillo Nava. (13)

El movimiento estudiantil fue conformado en su mayoría por jóvenes de clase media, de hecho el movimiento, aunque sí tuvo algunas muestras de apoyo en las clases populares, nunca tuvo una penetración real en ese sector de la población. Sin embargo, hay que subrayar que en México conviven dos vertientes de la clase media. Los que dependían directamente del Estado, los cuales en su mayoría no optaban por un cambio social; y la que estaba formada por profesionistas independientes, pequeños empresarios y comerciantes, los cuales sí tenían la autonomía necesaria para expresar y ejercer sus diferencias con el gobierno, ésta es la clase media que se ve reflejada en este grupo de novelas a la cual pertenece Las rojas son las carreteras de David Martín del Campo.

Lo que hay que contemplar es que son en estos años, donde se asume la existencia de la clase media, donde sus miembros se captan como tales y además fundan una serie de productos culturales que los dotan de identidad. Además, debemos de recordar que si bien la clase media independiente puede tener un sesgo peligroso para el sistema, la situación se complica con los jóvenes de clase media. El Estado, el Poder, no tiene estrategias ni experiencia negociar con esta nueva clase y con esta nueva generación que poco a poco iba adueñándose de la Ciudad de México:

De Chapultepec a la vaca negra, del Viaducto a Sonora, de la Diana a Juanacatlán, del parque México al Castillo, ajuua, soy del mero mero de la Condesa, y tú Pololo, a ver si ya te cambias a la colonia de los maestros acelerados, deja tu casa clase baja, y vente acá con los cuates clase-media; nosotros somos los meros medios: la mitad del mundo. Yo soy de la high society, de las alturas, desde las azoteas hasta las banquetas. Yo soy la cruz verde, hasta muertas levanto, ajúa. Pinche Polo, qué te pasa, por qué vienes tan aguado…qué no te pasó la gata Berta. Qué putiza le estaba acomodando su amiga hijo. ¡Date vuelta, date vuelta! Creo que Gabriel y Iroco están en el Tizoncito, vamos a echarnos unos tacos con ellos. (192)

Sin embargo, la clase media es tan amplia y ambigua que contempla grandes diferencias que se observan muy bien en la novela. Al estallar el movimiento y al verse suspendidas las clases, muchos de los chicos que tenían los recursos suficientes se fueron a universidades extranjeras: Dice que ya se fue Silvia a estudiar a los Estados Unidos, que la mandaron sus papás porque no quieren que siga perdiendo el tiempo aquí que están las clases suspendidas. (63) Y los que no tenían recursos suficientes se dedicaron a la vagancia, al viaje físico y espiritual, como los protagonistas de la novela:

-Ya sé que ahorita nos está llevando el carajo a todos, pero si no hacemos algo en contra vamos a terminar peor de jodidos. Mira, nos largamos para Acapulco y nos desquitamos y ora si le llegamos a la mariguana y todo lo que se te ocurra; cualquier chingadera con tal de olvidar todo este desmadre. (37)

Estos jóvenes huyen de la ciudad porque ésta se había convertido en el símbolo de la represión, la zona vigilada por el poder: -Vámonos de reventón, vamos a alucinar al mar, o a las montañas. […] Lejos, lejos, donde acabe el concreto y el pavimento sea el último reducto de una civilización opresora. (238) Entonces estos jóvenes deciden irse a Veracruz, una ciudad alejada del estado de vigilancia, en donde podían ser libres de hacer lo que les viniera en gana. En Veracruz se desarrolla una explosión de vitalidad, las drogas, el alcohol, las gringas, se patenta un hambre por parte de los jóvenes por sentirse vivos, las acciones representan también una forma emergente de llenar el vacío, curar la cruda que les había dejado el Movimiento del 68. Sin embargo, al pasar de los días, la fiesta se acaba y comienza el enfrentamiento con la realidad.

La clase media guarda entre sus principales características ciertas contradicciones. En primer lugar podemos señalar que la participación en el movimiento, quizá, no se haya dado de forma consciente, sino como una necesidad espiritual, o como una forma de acompañar de hacer lo mismo que otros chicos de la generación. En segundo término, su escape de la ciudad, se debe a las buenas condiciones económicas de sus papás, en tercer lugar, es que a pesar de ser  personajes muy de avanzada, con un nivel sociocultural alto no dejan de comportarse, de tener características de los hombres más conservadores.

Este punto es importante que le dediquemos algunas líneas. Como en otras novelas, sobre todo en las que son escritas por mujeres. Nos dejan en claro que muchos de los jóvenes que conformaban el movimiento, no dejan de tener resquicios, características de los sectores más conservadores de la sociedad mexicana. La mayoría de los personajes, del grupo de muchachos de clase media que protagonizan la historia siguen dirigiéndose hacia las mujeres con un profundo sentido machista, como objetos sexuales y considerándolas de menor inteligencia. Así también se muestra su relación con los “inditos” que pocas veces aparecen en las novelas del 68 y cuando lo hacen son tratados de forma despectiva.

Sin embargo, es una novela que aporta mucho a la visión literaria del 68. El punto de vista de David Martín del Campo nos ayuda a entender la penetración del movimiento en la clase media en México.

[1] Isla de lobos (1987), Dama de noche (1990) y llevada al cine en 1993, Alas de ángel (1990) novela que gana el Premio Internacional Diana de novela, El año del fuego (1996) con la cual gana el premio Monterrey de Literatura, Cielito lindo (2000), Después de muertos (2003), Corre Vito (2013), El último gladiador (2015), Las siete heridas del mar (2012) novela que le hace ganar el premio Mazatlán de Literatura. Otra de sus vetas narrativas del autor, son las historias que ha escrito para niños, entre las que podemos destacar: El tlacuache lunático y otros cuentos (1993), (1996), El hombre del Iztac (1997), con el cual gana el Premio Juan de la Cabada de literatura infantil. También es autor de varios libros de ensayos y de periodismo cultural como El azul de Van Gogh

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