Carta a Ana Gabriela Guevara

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Querida Ana Gabriela:

Hoy me desperté con la terrible noticia sobre las agresiones que sufriste por parte de cuatro cobardes. Escuché tus declaraciones, los mensajes por Twitter, las opiniones, todas exigiendo justicia y solidarizándose contigo. El mensaje que más me impactó fue el del escritor Antonio Ortuño:

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Antonio Ortuño nos deja en claro en lo que nos hemos convertido, ahora somos una especie fallida, enfermos de poder. Lo dices muy bien en el tercer párrafo de tu comunicado: “Cuando solicité se detuviera para poder llamar al seguro y pensando que se trataba de un accidente, descendieron los cuatro ocupantes y comenzaron a golpearme con lujo de violencia, pronunciando insultos por mi condición de mujer y motociclista. Cuando te comento que estamos enfermos de poder, me refiero a que estamos imposibilitados como sociedad de vernos de forma horizontal, como pares, como seres de la misma especie. Cualquier diferencia racial, económica, de género y hasta en el medio por el cual te transportas es utilizado para dejar en claro quién tiene el poder. Seguramente, desde el miserable mundo de esos cuatro cobardes, ver a una mujer sola en la noche en su motocicleta fue síntoma de inferioridad, de vulnerabilidad.

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Al parecer, basta estar dentro de un auto, para sentir el poder de arrollar a todo aquel que parezca inferior: motocicleta, bicicleta y peor aún si es conducida por una mujer.

Fíjate Gabriela que durante esta semana tuve la oportunidad de leer la crónica Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich, en donde una doctora en Ciencias Agrícolas reflexiona sobre el progreso, sus catástrofes y el automóvil: “Chernóbil ha sido un golpe para nuestra imaginación y lo ha sido también para nuestro futuro. Nos gemas asustado de nuestro futuro. Entonces no debíamos de haber bajado del árbol, o hubiéramos debido intentarnos algo para que el árbol se convirtiera enseguida en una rueda. Por el número de víctimas que provoca, lo que ocupa el primer lugar no es la catástrofe de Chernóbil, sino el automóvil…(221)

Quizá puedas decir que el auto no es el culpable; desde luego que no, pero hay que ponernos a reflexionar sobre lo que implica, sobre los problemas que nos están causando, del significado que está teniendo en nuestra sociedad. Al parecer, la peor de nuestras tragedias viene en cuatro ruedas, manejada por gente enferma, deseosa de demostrar su poder en cualquier momento.

Hasta en las actividades más cotidianas, hasta en la forma de transportarnos ejercemos la discriminación, el auto es el rey y los demás los pobres, los que se pueden aplastar, los jodidos. Te mando un abrazo y pronta recuperación. Lo que estás sufriendo es una posibilidad para que el contexto pueda cambiar.

Saludos

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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