El león que se agazapa de Norberto Trenzo

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Título: El león que se agazapa (1981)

Autor: Norberto Trenzo

Editorial: Costa-Amic Editores, S.A.

ISBN: 968-400-201-7

Datos extraliterarios

Este tipo de información siempre nos sirve para ubicar a los autores y sus obras en el campo cultural mexicano. El Dr. Norberto Treviño García-Manzo, publica en 1981, bajo el seudónimo de Norberto Trenzo, la novela El león que se agazapa bajo el sello Costa-Amic Editores. Lo primero que llama la atención es cuestionarnos por qué Norberto Treviño decide publicar su novela con un seudónimo. La respuesta nos queda un poco más clara cuando tenemos el dato de que Norberto Treviño es hijo del ex gobernador de Tamaulipas Norberto Treviño Zapata en el periodo de 1957-1963, desde luego, representando al Partido Revolucionario Institucional. Este dato toma mayor importancia cuando se toma en cuenta que Norberto Treviño participa activamente en el movimiento de los médicos residentes que se da entre 1964 y 1965.

Ocultar las herencias políticas, podríamos suponer, fue el objetivo del autor para ocultar su verdadera identidad en un contexto adverso a todo tipo de crítica. Con otro nombre el autor puede sentirse en libertad de expresar sus puntos de vista y tampoco le ganaría enemigos entre la clase priista en el poder. Estrategia que al parecer le resultó, ya que el Dr. Norberto Treviño García-Manzo ha ocupado varios puestos en el gobierno de Tamaulipas (Guevara, párr. 4).

Otro de los puntos que hay que subrayar es la editorial en la que fue publicada, de la cual no tenía conocimiento, quizá por esa razón nos podemos explicar el difícil acceso hacia la novela, la cual tuve oportunidad de conseguir en la Biblioteca Central de la UNAM.

En resumen, al parecer hay una estrategia clara para no exponer la obra a grandes públicos y mucho menos el nombre del autor real. Acción que se convierte en una expresión del discurso oculto (Scott) que toma especial relevancia porque proviene de una voz cercana al poder. La sobre exposición de la obra o el firmar con el verdadero nombre del autor podría romper con las formas de expresión (anonimato) de los subordinados.

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¿A qué grupo pertenece El león que se agazapa?

Después de haber hecho la lectura de El león que se agazapa, podría sumarla al grupo de novelas clasemedieras del 68, junto con La invitación (1972) de Juan García Ponce, Rojas son las carreteras (1976) de David Martín del Campo y Que la carne es hierba (1982) de Marco Antonio Campos. Textos que en sus entrañas develan las contradicciones de la clase media mexicana de la época, la cual sin duda alguna, fue la gran protagonista del movimiento del 68.

La novela está conformada por diez capítulos en donde se van entrelazando las vidas de Hernán Villareal, un joven estudiante de arquitectura y Melchor Sarmiento, uno de los pocos periodistas que muestran su simpatía públicamente al movimiento, acción que le cuesta golpizas y el exilio.

Una de las principales características de la clase media, es la incertidumbre. La clase media siempre está en el filo de caer a un lado o hacia otro, subir o bajar, mejorar sus condiciones en las que vive o empeorarlas. No es una clase que esté determinada del todo. Su ambivalencia es su condición natural. La mayoría de los personajes que aparecen en la novela pertenecen a esta clase.

Esa incertidumbre, lleva a Hernán a recordar las palabras de Camus desde las primeras páginas: “estar minados por dentro”.

Y se está minado desde la niñez. Hernán crece en una familia tradicional de clase media. El papel de la madre abnegada, la cual tolera la infidelidad del esposo y sobreproteje a su hijo:

-¡Despierta, hijo! ¡Hernán! ¿Qué te pasa, hijito? Aquí está mamá; vamos, vamos, no llore mi criatura. ¿Soñabas algo, Hernán? Tal vez cosas feas. ¿Qué soñabas?, ven vamos al baño para secarte el sudor. ¡Qué bárbaro, si tienes todo el cabello mojado. Mi vida, cuéntame hijo, ¿qué soñabas? (23)

Uno de los principales traumas que se observan en Hernán es precisamente el que le provoca el padre con las infidelidades. Éste se representa en sus sueños y de forma continua cuando se presentan situaciones adversas.

Hernán va creciendo como cualquier chico de clase media, hasta que tiene un accidente, el cual lo deja lisiado, situación que lo deja en desventaja con los chicos de su edad. Su perfil retraído hace que no se desenvuelva de forma natural con las mujeres de su edad, de hecho sólo lo hace con prostitutas y  mujeres mayores. El movimiento del 68 le llega a Hernán en plena adolescencia y lo transforma de forma radical. El romanticismo que existía en la época hizo que muchos jóvenes participaran en el movimiento sin una formación política, solamente guiados por el ímpetu de los aires de cambios que necesitaba el país. Así sucedió con Hernán y esta fue su reflexión final sobre su participación en el movimiento:

Mira-subrayó- yo no sé nada de política, ni me interesa, pero cuando oí por ahí, primero entre susurros y boca con oído y después a gritos, que nuestro movimiento pretendía que se acabara el desmadre que existe en el gobierno, me entusiasmé […] Comprendí entonces que este borlote era una oportunidad de mejorar, que al fin y al cabo era lo que a mí me importaba. El idiota de mí pensaba que nada tenía que perder y ya ves, perdí, y ¡qué manera de perder! (62)

Hernán es un personaje que por momentos se observa como subordinado, consciente del papel de su clase, pero por algunos lapsos rompe con el esquema de su clase. Finalmente es un personaje que se asume como víctima, arrepentido de su participación en el movimiento, característica recurrente en el grupo de novelas clasemedieras del 68. La depresión que les deja la experiencia de haber participado en el movimiento los termina consumiendo y confirmando su perfil de subordinados.

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Las voces del poder

Por otro lado, se observa de forma clara las voces de los poderosos, los encargados de la difusión de los discursos públicos. El más evidente proviene por parte de sus profesores de la Universidad:

No, no me interrumpa, y no sólo es, también la semana pasada hicieron un borlote con el pretexto de dar apoyo a los hippies del mundo…y ahora qué señor Villarreal…señor Villarreal… […] No, señor Villarreal, no tienen derecho a ocupar su mente en exóticos pensamientos. No entiendo qué les sucede. Parece como si una fracción -porque no pueden ser todos- buscara problemas en base a hechos ocurridos en otros países. ¡Qué les importa lo que sucede en París, en Roma o en Buenos Aires! (102-103)

Otra voz que se observa con claridad es el recurrente reclamo de las generaciones que anteceden a la del 68. Adultos regañones que no entienden las características del movimiento. Desde luego, es el discurso público priista que retoma uno de los conceptos clave de esta visión política, “el sacrificio”, mientras que la generación del 68 buscaba lo contrario, vivir el momento:

-Estos estudiantes, o lo que sean, no saben ni lo que quieren. Piden y piden como si nadamos se tratara de eso.  […] Parece que ignoran el sacrificio que ha costado a la mexicanidad los pequeños o grandes logros que ahora nos ha tocado vivir y gozar. Nuestra organización política es producto de muchos años de búsqueda, a veces inteligente, a veces alocada y peligrosa, pero nuestra lucha. […] Sí, señores, no es necesario tener mente brillante para comprender que intereses comunistas, anarquistas, se mueven detrás de todos esos muchachos con el fin de llevarnos al caos y hundirnos en el desastre. (134-135)

El final

Finalmente, Hernán, junto con sus compañeros del movimiento fueron encarcelados. La descripción de los espacios, las torturas, el comportamiento de los cuerpos dentro de los espacios carcelarios son recurrentes en la mayoría de las novelas del 68:

La experiencia semejaba a la de su niñez. En esta ocasión la autoridad no se impuso con gritos, jalones de cabello o amenazas. ¡No!, ahora el adulto dio palizas de metal y fuego…La criatura no sólo orinó, también defecó y sudó sangre. (37)

Otro de los personajes clave dentro de la novela es el periodista Sarmiento. La presencia de personajes dentro del periodismo también es un tema recurrente; aunque en su mayoría se muestras como personajes corruptos y al servicio del poder; sin embargo, Sarmiento se muestra como una excepción. como un periodista sensible a lo que estaba sucediendo en las calles de la Ciudad de México. Su encuentro con Hernán le anima a participar escribiendo un par de “cuentos” en relación con los hechos. El primero le hace ganar una golpiza por parte de la policía y el segundo el exilio. La represión que sufre el periodista no es ni siquiera por denunciar los actos del Estado, son cuentos, ficciones que seguramente sugerían alguna relación con la realidad. Es decir, por un momento el planteamiento del periodista era hacer uso del discurso oculto, pero las condiciones del acuerdo social ya estaban rotas y el poder actuó en contra de cualquier sospecha.

Aunque el encuentro físico entre Hernán y Sarmiento fue mínimo, para las dos fue significativo, sobre todo para Sarmiento que en su exilio se imagina hablando con él, inspirándolo para seguir en la resistencia, en sobrevivir:

Esa tarde aprendí que a partir de ese momento, cada vez que deseara su presencia, podría acudir al río y ahí, entre una luz y una ola, casi con seguridad les vería y acomodado a su lado les hablaría. (97)

El león que se agazapa es una de tantas novelas del 68 que han quedado en el olvido; sin embargo, muestra facetas del acontecimiento, puntos de vista que continúan enriqueciendo la comprensión del movimiento del 68. Sin embargo, el tema extraliterario es uno de las perspectivas que abonan con mayor claridad la razón del por qué la novela ha sido olvidada por los lectores y la crítica.

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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