Díaz Ordaz, Disparos en la oscuridad de Fabrizio Mejía Madrid

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Como ya tuve oportunidad de comentarlo en el anterior post, las novelas del 68 más recientes, buscan nuevas formas y perspectivas de plantear el tema. Junto con Autor anónimo de Felipe Galván, el libro de Fabrizio Mejía Madrid, ahonda en la biografía de un personaje clave para entender mucho de lo que pasó en 1968. Galván trabaja la personalidad de Fernando Gutiérrez Barrios y Mejía Madrid lo hace a partir de la compleja personalidad del que fuera presidente de México en ese año: Gustavo Díaz Ordaz.

Lo que Fabrizio propone con su obra es hacer un recorrido biográfico de GDO a partir de ciertas fuentes, reportajes, imágenes que se han quedado en el colectivo, a partir de flash backs del propio GDO, quien desde el 21 de julio al 15 de septiembre de 1977, periodo de declive que comprende desde su salida como embajador en España hasta su muerte. En ese lapso, hace un recuento de su vida y se enfrenta con los fantasmas, con sus acciones que no sólo marcaron su vida sino la del país.

Llama la atención que el miedo ocupe un lugar especial en la vida de GDO, sentimiento que lo persigue, lo acompaña y lo moldea a lo largo de su vida. Lo que se plantea en el libro, es ese continuo enfrentamiento hacia los miedos del protagonista, enfrentamiento que lo va transformando en un personaje vil, sin moral que crea estrategias para ocultar sus traumas y lograr sus objetivos. El mostrarse lo suficientemente fuerte a partir del miedo que puede ejercer hacia los demás era su principal arma.

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Leer sobre la niñez, es entender los complejos que lo acompañaron por toda su vida. Su pobreza durante sus primeros años en Oaxaca en una familia beneficiada por la política porfirista venida a menos, con una educación católica castrante y con una fealdad que hasta su padre reconocía: “Tú no das besos, das mordiscos”. O como el mismo protagonista lo confirmaba: “-No tengo ángulo. Soy feo. Soy lo suficientemente feo como para que me tengan miedo. A un secretario de Gobernación hay que tenerle, sobre todo, miedo” (173)

Su encuentro con la política se da en la Universidad de Puebla, en donde es reclutado como abogado por Maximino Ávila Camacho para contribuir a un fraude dentro del partido. Su única forma de ascender dentro de la política fue el servilismo, la disciplina al servicio de una autoridad incuestionable destruyendo cualquier asomo de dignidad. Eso es lo que pasa continuamente GDO en su estadía en Puebla con Maximino Ávila Camacho:

Lo último de esa noche para Gustavo Díaz Ordaz fue aguantar el cuerpo de Maximino montándolo como a un poni, clavándole las espuelas en las costillas, sintiendo su sexo en la espalda, oliendo su sudor etílico. Era lo que realmente excitaba al Jefe: montar a sus subalternos. Cada vez que Díaz Ordaz se tiraba de panza al suelo o quería rodarse, recibía un fuetazo, contundente, en la grupa. Era ya un caballo de esa otra revolución. (63)

Sin embargo, las múltiples humillaciones que sufrió le sirvieron para demostrar su capacidad obediencia (comer caca sin hacer gestos) y abrirse paso en el grupo que en ese momento mantenía el poder en Puebla y en gran parte del país. Después de la muerte de Maximino, GDO negocia una diputación federal, y es ahí donde construye su amistad con López Mateos; sin embargo, su trabajo como diputado es muy pobre, no deja de sentirse un provinciano. Ya en el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines, su principal trabajo de GDO, fue el reprimir movimientos desde una oscura oficina de la Secretaría de Gobernación, hasta que fue nombrado como Secretario en el gobierno de su amigo Adolfo López Mateos.

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Nunca deja de sentirse menos ante los demás políticos, mientras él fue graduado en una Universidad del interior, los demás protagonistas políticos se habían formado en la UNAM. Este sentimiento lo va haciendo más grande con el paso del tiempo, hasta llegar a crear fuertes aversiones hacia la UNAM y hacia todos los profesionales que gozaban de prestigio intelectual. De hecho, se observa de forma constante el desprecio hacia los intelectuales. La tesis creada por el estado de la “conjura” tenía como principales responsables a los intelectuales mexicanos. Cuando GDO es nombrado como embajador en España también hay una reacción:

-Carlos Fuentes renunció el 6 de abril a la embajada de México en Francia porque dice que no se va a sentar nunca en la misma mesa con usted. Octavio Paz también renunció a la embajada de la India después del 2 de octubre, cuando usted era presidente.

-No he leído a esos escritores.

-El diario El País lo calificó como “el presidente más represivo en la historia de México, salvo, quizá por Calles”. Lo hacen responsable del aplastamiento del movimiento ferrocarrilero en 1959 y de los estudiantes en 68.

-El País es de comunistas (12)

Su aversión hacia los intelectuales fue muy importante en relación con las acciones que llevó a cabo GDO. Su desprecio hacia los médicos residentes, el apoyo hacia el grupo opositor del rector Chávez de la UNAM, que culminó con su renuncia, el trato hacia los universitarios de la UNAM en general, regularmente era de desdén, para GDO lo positivo de la juventud estaba representada en los “Juanes”, los soldados que no tenían de otra que obedecer, con los cuales el mismo GDO se reflejaba:

Para él, Gustavo, no era ni un nombre ni un apellido, sino sólo un alumno minero, un servidor, un empleado, obedeciendo, impuesto a hacer lo que, en realidad, era su obligación. Ningún incentivo para el esfuerzo, para la fe, para la creencia en estar participando de algo superior. Sólo la fría mirada a lo que se avanza en el túnel, sin consideración, sin siquiera aprenderse su nombre. (49)

Aquéllos que cuestionaba, que se intelectualizaban, que proponían nuevas formas de organización política eran considerados parte de la “conjura” contra México. Sin embargo, hubo un pequeño grupo de escritores que sí frecuentaban a GDO posteriormente al 2 de octubre:

La única escritora que lo secundó, por malicia, pánico o locura había sido Elena Garro. Mientras su ex marido, Octavio Paz, renunciaba a la embajada en la India en protesta por Tlatelolco, Elena Garro corrió a decirle a Fernando Gutiérrez Barrios en la Federal de Seguridad y a Winston Scott en la CIA de la Embajada Norteamericana en México que los “conspiradores” de Tlatelolco eran todos los escritores, dramaturgos, pintores y cineastas del país. (141)

Para un hombre como GDO, la realización de los Juegos Olímpicos, no era un tema prioritario. Se cuenta en el libro que estuvo a punto de renunciar a la sede; sin embargo, lo convencieron para que continuara con el plan. Entonces diseñó una estrategia para enfrentar una posible revuelta juvenil que siempre corren de forma paralela a los Juegos Olímpicos. La lógica de su pensamiento en relación a este contexto lo plantea Mejía Madrid de forma muy clara:

En su lógica de niño cree que entre más basura saque, mejor hizo su trabajo. Pero es artificial; simplemente ha barrido lo que él mismo ha tirado. Por su puesto, la historia acaba mal, con la mamá regañando al Presidente y él llorando. Lo que nos pide ahora es lo mismo: tiras la basura al piso y luego la barres. 240

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El acto de provocación hacia los estudiantes era cosa tan simple para GDO como “tirar la basura y luego barrer”; sin embargo, los jóvenes del IPN y de la UNAM le dieron una vuelta de tuerca a la estrategia de GDO, y crearon un movimiento que colapsó y renovó en gran medida a las instituciones del país:

-Pero el 2 de octubre ensombreció a México…

-No a México. Ensombreció a unos cuantos hogares mexicanos. Y no vine a dar una clase de historia. Mire, muchachito –Díaz Ordaz se le queda viendo fijamente al reportero José Reveles de la revista Proceso; para él es un universitario imberbe con un cuadrado que debe ser una grabadora-, estoy muy orgulloso de haber podido ser Presidente y haber podido así servir a México. Pero de lo que estoy más orgulloso de esos seis años es del año de 1968 porque me permitió servir y salvar al país, le guste o no le guste –reacciona al gesto de desprecio del reportero- con algo más que horas de trabajo burocrático, poniéndolo todo: vida, integridad física, horas, peligros, la vida de mi familia, mi honor, y el paso de mi nombre en la historia. Todo eso se puso en la balanza. Afortunadamente salimos adelante. Y, si no ha sido por eso, usted no tendría la oportunidad, muchachito, de estar aquí preguntando. (15)

Los últimos años de GDO fueron sombríos, llenos de odios. La gente en México y en España lo reconocía como un asesino. Su madre y su esposa ya habían muerto y el contacto con sus hijos era nulo. Los fantasmas de todos los personajes que había mandado matar o desaparecer de pronto van apareciendo para hacer de sus últimos días una pesadilla. Los que antes eran sus incondicionales, sus amigos ahora lo criticaban y pedían su cabeza:

Así es la política. Los que lo apoyaron en 1968, ahora lo combaten. Todo dependía de los favores, los cálculos, las promesas. Todo estribaba en si le creías a alguien lo suficiente como para obedecerlo. Ahora le había tocado a él la contraparte, el oscuro doble de la política: que nadie le creyera. ¿Quién lo obedecía? Pensó en hablarle al general Gutiérrez Oropeza o a Alfonso Corona del Rosal, para que lo ayudaran a respaldar su visión del 68 y de Tlatelolco. (115-116)

 Díaz Ordaz, Disparos en oscuridad es una obra híbrida, retoma documentos históricos, fuentes periodísticas y bibliográficas, pero también puntos de vista del autor, recreaciones atinadas que se ven poco en las distintas novelas del 68. Recrear lo vivido por parte de GDO suma al ánimo de entender los hechos de 1968.

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Escríbeme: yosoy@ricardocartas.com

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