Las muertes de Aurora de Gerardo de la Torre


Mov68 (3)Gerardo de la Torre abre una perspectiva inédita de la novela del 68, que es la participación de los obreros en el movimiento. En el texto se observa la diferencia entre estos dos sectores, cada uno con distintos orígenes e historias, pero que en la coyuntura del movimiento estudiantil, se descubren puntos en común como la lucha por la libre manifestación, libertad a los presos políticos, es decir, la serie de puntos que contenía el pliego petitorio elaborado por el Consejo Nacional de Huelga. Este documento aglutinó el descontento no sólo de los estudiantes sino de muchos de los sectores que buscaban mejorar sus condiciones laborales, como los obreros:

Allí, a falta de marchas propias, participaban petroleros, ferrocarrileros, maestros, algunos electricistas. Viejos trabajadores que revivían las caminatas de diez años antes, del 58, del momento de los sindicatos. Viejos trabajadores que en su hora demandaron libertades y emancipaciones y hoy, contagiados por el entusiasmo y la impulsividad de los jóvenes, tornaban a las calles y desfilaban con un júbilo profundo que no afloraba en sus rostros roquizos y tensos. Hijos y nietos de aquellos trabajadores. Esta vez vamos a llegar muy lejos, esta vez no será fácil derrotarnos. (106)

Efren, Galdino, Leoncio, protagonistas de la novela son un grupo de obreros que pertenecen a una célula del PC en la extinta refinería de Azcapotzalco, pequeña organización a punto de desaparecer moribunda y que intenta en el contexto del 68 reactivarla. Los integrantes de esta célula le piden a Jesús, un ex petrolero que participó como líder en el movimiento ferrocarrilero en 1958; intelectuales como José Revueltas señalan a este movimiento como un antecedente directo del movimiento del 68. La derrota del 58, así como la muerte de Aurora, su pareja lo orilla a convertirse en un alcohólico que sufre de alucinaciones, que poco aporta al grupo de obreros que lo buscan con suerte de guía.

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Sin duda, dentro de la novela se muestra un contraste generacional muy interesante. La izquierda del 58, gran parte de sus miembros se encuentra en un estado de derrotismo y mira con cierto desdén a los estudiantes; sin embargo, la nueva generación de obreros, mira al movimiento como una gran oportunidad para reactivar la lucha del pueblo:

-Ahorita no se trata de líderes charros y se acabó –dijo Efrén-. Lo están viendo y no se dan cuenta. Éste es un movimiento de verdad, fuerte, que no lo van a detener con nada. Ustedes están acostumbrados a pensar con molde. Movimiento estudiantil, uy, sí, salen a la calle, alborotan un poco, los apaciguan y a la escuela otra vez. Y nosotros tranquilos, para qué nos involucramos si nada va a pasar. Ya dejen su moldecito y piensen, échenle imaginación, qué podemos hacer, cómo vamos a jugarla para que el movimiento crezca y se extienda, de qué manera vamos a sacarle raja para que el sindicato cambie. Despéjense, sacúdanse la huevonería mental. (18-19)

Poco a poco los obreros se integran al movimiento, mientras tanto, son vigilados por Abundio, burócrata que dedicaba su tiempo a registrar los movimientos de los integrantes de la célula, para tener las pruebas suficientes para castigarlos en un futuro; mientras tanto, Jesús va enfrentando sus alucinaciones en donde se muestran sus miedos protagonizados por Aurora, su enfermedad lo lleva a ver a su expareja muriendo en la Plaza de Tlatelolco:

El batallón de granaderos, antropomorfos de estampa brutal, fieles a su presente miserable y rencoroso, atacó de frente al principio, pero cuando los estudiantes comenzaron a desbandarse, copó las calles laterales. Aurora corrió con los otros buscando puerta, túnel, precipicio, y aquí y allá los otros buscando puerta, túnel, precipicio, y aquí y allá los atajaban […] Aurora buscaba un sitio donde refugiarse y eran puertas cerradas, calles oscurecidas por el gas. Tropezó con los pies de un compañero y cayó boca abajo. (13)

A ver, Aurorita, los nombres de los demás, los nombres. Nombres, hija de puta. Aurora abrió los ojos, se le cerraban, luchaban para abrirlos […] El hombre se levantó y dejó caer los puños sobre el rostro infantil; supo que sus puños no hacían daño después de la violación frecuente, los manguerazos en los riñones, la picana en la vagina y en el recto, las dentelladas en los pezones, la risa y los insultos. El hombre derribó la silla y Aurora quedó tendida sobre el piso de piedra, con la cabeza en posición inversa a la del cuerpo. (109)

O en Vietnam, encarnada en una campesina:

El rostro empavorecido de Aurora, percibido un instante y después perdido para siempre. Aurora rodó envuelta en llamas. Aurora rodaba y el fuego moría al contacto con la tierra y la incendiaba de nuevo a cada vuelta. Jesús, a mano desnuda, quería extinguir el fuego. Inútil todo, inútil, gringos malditos. Aurora se muere, hagan algo. Y el mundo no lo ayudaba. Aurora moría quejándose apenas, ardiendo sus ropas negras de campesina vietnamita, ardiendo la piel, penetrando el fuego hasta los huesos. (39)

O en la escena  de la Quinta Sinfonía de Sibelius:

Aurora volvió el rostro. Ahora se percibía claramente sus jadeos y llegaban distantes los ladridos. Con el agua a los muslos avanzaban Aurora apoyándose en las raíces sobresalientes de árboles negruzcos de bosque embrujado. (87)

 Aurora es el fantasma que lo persigue, que lo atormenta de forma continua hasta enloquecerlo.

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Realidades y escenarios distintos, pero que existen puntos en común, de los cuales pocas veces habían sido conscientes; sin embargo, el final del movimiento, desemboca en el cierre dela novela, que desde mi punto de vista, es uno delos mejores de este grupo de novelas:

“-Tantos países que hay en el mundo y nos tocó nacer en el más mierda.

Sonó el silbato, los dos compañeros se levantaron y con un apretón de manos se dijeron hasta pronto. Allá las torres continuaban los procesos de destilación, las chimeneas humeaban, el ingeniero de turno ponía los ojos en la carátula de un manómetro, el contable disponía la sumadora, la escoba era arrebatada del rincón. Y así tenía que ser, Galdino. El trabajo ennoblece. (155)

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