Ricardo Cartas y la literatura contestaria

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Hace unos meses escribí una breve minificción: “La metamorfosis” de Kafka y el Estado. Decía lo siguiente: “Kafka parecía distante del zoon politikón. Bien leída su asombrosa literatura revela multitud de metáforas y parábolas políticas y sociales. Al concluir la lectura política de su célebre relato “La metamorfosis”, podemos extraer una moraleja: Una de las más eficaces máquinas destructivas del espíritu se llama trabajo de oficina, mientras que no existe peor autoritarismo que el de la familia, pequeño Leviatán que se transforma en un monstruo opresor: el Estado.”

Y hace algunos años, luego de leer El animal moribundo de Philip Roth, concluí que el matrimonio es una cárcel de alta seguridad. El colmo es que la idea viene de más lejos. Para el revolucionario francés Jules Vallés, en una obra memorable, El niño, escrita antes de la Comuna de París, son las escuelas los claustros que estremecen las almas de los pequeños y de los jóvenes.

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Ahora Ricardo Cartas, un notable narrador, de muchas maneras conectado con la generación a lo que pertenezco, la de José Agustín, Gustavo Sainz, Parménides García Saldaña, al que la tonta de Margo Glantz, a falta de algo más penetrante, calificó como de “La Onda”, escribe y publica en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, una novela fascinante y divertida, amena: Bilopayoo Funk En ella sus personajes se mueven justo por las estrechas dimensiones, cerradas culturalmente, de una aldea y la trastocan. Son personajes irreverentes, que detestan palabras como prohibir, buenos herederos de las corrientes libertarias y en verdad democráticas y autogestionarias del 68, nacido en París y que velozmente recorrió el mundo.

Hoy, para colmo, las utopías se esfumaron, nos agobia el neoliberalismo y la frivolidad y la estupidez se han globalizado. Los sueños se esfumaron o se refugiaron en el imaginario literario y musical grueso.

Algún personaje de la farándula con sentido del humor, dijo hace poco que cómo iba a ser la Ciudad de México, una capital de izquierda, como insisten sus autoridades desde hace años, si hasta las vueltas a la izquierda están prohibidas en avenidas y calles de todos tamaños.

Si yo quería ver lo que al principio señalé, lo hallo en la novela de Cartas. Es algo que bien podríamos llamarle como Forman: Atrapados sin salida. Jóvenes acosados y hasta detestados por brujas y seres fantasmales que viven en el medievo. Pero si temáticamente me seduce, lo que más me llama la atención es su cuidada prosa, la estructura de la novela. Cuando la obra fue presentada en la Feria de Minería en la Ciudad de México, los presentadores llegamos a la conclusión de que la gran aportación es la forma en que Cartas narra sus historias. La velocidad literaria y las descripciones irónicas, siempre salpicadas de buen humor nos llevan por laberintos que producen risa o ganas de llorar ante tanta idiotez.

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Los muchachos que Ricardo Cartas nos presenta son audaces, pero el peso de la sociedad los abruma. La lucha que dan es ancestral. Nunca hemos pasado de una generación a otra sin romper valores, paradigmas y reglas. Desde que conozco a Cartas lo he visto como un escritor que con elegancia y una sonrisa siempre, destruye rejas y se salta barreras. A pesar de las diferencias de edad, nos entendemos porque ambos hemos perseguido lo mismo: la libertad, yo fracasé, me falta ser un “burócrata decente”, dudo que él llegue a serlo. En sus letras iniciales está la semilla de una gran rebeldía que no tiene fin. Hace las cosas a su muy especial manera, pero pisotea valores y lo peor es que nadie se da cuenta a pesar de que lean sus libros o escuchen sus amenos programas radiofónicos.

Desde Almoloya, donde estoy de visita temporal, un juez bondadoso sólo me dio una semana de descanso que aprovecho para escribir estas líneas. Le mando a Ricardo Cartas un saludo afectuoso, le hago llegar mi admiración por sus libros y espero que si alguien está presente en la lectura de este texto, salgan a comprar la novela de Ricardo y luego de leerla, sean libres, aunque sea por un día. Patria o muerte, beberemos. O quemaremos mota, si las autoridades lo permiten. Si no, pos también.

(René Avilés Fabila)

 

1 Comment

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    Posted July 27, 2016 5:45 am 0Likes

    Os adrezco el compartir con todos nosotros toda esta amena información. Con estos granitos de arena hacemos màs grande la montaña Internet. Enhorabuena por este post.

    Saludos

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