Que la carne es hierba

IMG_5386Dice Octavio Paz en su ensayo Crítica a la pirámide, que paradójicamente, las Olimpiadas de México en 1968 y el Movimiento Estudiantil se dan por la misma situación; una evidente mejora de las condiciones económicas del país, sobre todo, para la clase media que vivían en las principales ciudades de México. La economía del país, había ascendido a tal nivel, que la comunidad internacional, por medio del Comité Olímpico decide otorgarle a la Ciudad de México la organización de los Juegos como un reconocimiento por sus buenas prácticas económicas; sin embargo, esa misma condición, llevaba consigo una exigencia por parte de la sociedad civil, representada en primera instancia por los jóvenes estudiantes universitarios, que consistía en hacer evolucionar en el sistema de gobierno del país, subrayando una apertura democrática, de tal forma, que pudiera garantizar mayores libertades sociales. El Estado Mexicano, había resuelto muy bien el tema económico, pero no había logrado modernizarse al nivel de exigencia de la clase media.

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En la novela Que la carne es hierba de Marco Antonio Campos, publicada en 1982 en la serie El volador de Joaquín Mortiz, muestra de forma nítida la atmósfera de la clase media en la Ciudad de México durante 1968. Quizá sea, junto con La invitación y Crónica de la intervención ambas de Juan García Ponce, las mejores muestras del grupo de novelas del 68 en donde se observa la lógica de participación de los jóvenes de  clase media en el movimiento. La característica de los personajes de estas novelas es una participación natural, con poca politización, pero llenos de esperanza para lograr mayor apertura no sólo del gobierno que encabezó Gustavo Díaz Ordaz, sino de las formas cotidianas de convivencia.

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La novela transcurre a partir de los relatos que hacen dos personajes centrales Ernesto y Carla, el primero es amigo y la segunda es novia de Fernando, personaje que muere en los primeros días del año y que su muerte tiene un carácter simbólico para todos sus amigos. Fernando representaba la alegre ingenuidad con la que los jóvenes iban a enfrentar uno de los hechos históricos más importantes del siglo XX en México. Las narraciones de Ernesto y Carla están narradas once años después del 68; desde lo íntimo de sus historias, de sus fracasos personales, nos vamos dando cuenta de la forma en que llega el movimiento a sus vidas y del impacto que tuvo:

Por esos días -¿te acuerdas?- comenzó el Movimiento Estudiantil. A muchos nos tomó de sorpresa y no sabíamos cabalmente qué pasaba/ Una mañana supimos que había habido enfrentamientos entre policía y ejército con estudiantes, que el ejército había despedazado la puerta de la Preparatoria Uno de un bazucazo, que se convocaba a una manifestación que encabezarías el Rector (p.70)

Con la sorpresa y honestidad con la que los jóvenes toman hechos sociales extraordinarios, deciden ir sumándose al movimiento con el ánimo de solidarizarse con sus compañeros universitarios que habían iniciado el movimiento en un entorno festivo:

Por eso fui a esa manifestación que llegó a ser en momentos como verbena y donde grité por primera vez en voz en cuello insultos al gobierno. Esa manifestación, como las otras dos que fui, representó para mí (y estoy seguro que para muchos) una especie de megáfono personal para decir más que lo reflexionado el rencor visceral a la autoridad: podíamos, sin gran conocimiento de causa, injuriar lo que sentíamos opresivo, rechazable. (pp. 70-71)

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Sin embargo, no toda la clase media, entendía y se solidarizaba con el movimiento. Detrás de las diferencias con las formas autoritarias con el gobierno, también existía una diferencia con la generación anterior y con el segmento conservador:

Así como mucha gente simpatizaba con el Movimiento otros muchos –sobre todo círculos de clase media en que nos movíamos- tenían menos idea política que nosotros. Podías conversar con buen número de esas gentes y oír simplismos y obviedades: que los estudiantes eran alborotadores, que deberían ocuparse sólo de estudios y no de política, que el comunismo era malo porque los rojos le quieren quitar a uno lo que ha ganado con tanto trabajo {…} para colmo, quieren quitarnos a Dios y eso sí que no se va a poder, no se los vamos a permitir, qué va… (p. 81)

El grupo de novelas de Clase media, tiene la virtud de tener un punto de vista sobre el movimiento menos politizado, subrayando el carácter íntimo, desde la voz de un integrante común, que narra la sorpresa, la felicidad que había dotado de una fuerza extraordinaria  a toda una generación, pero que al pasar del tiempo, se iba convirtiendo en una pesadilla llena de represión que llevó a la muerte a personajes como el Pana el 2 de octubre en la Plaza de Tlatelolco:

Allí estaba el Pana: alto, fuerte, rubio, destrozado. Era impresionante ver que sólo tenía uno de los ojos cerrados, porque el otro era un trozo semisuelto de carne. Pero lo que se me quedó grabadísimo es que al acercarme vi pedazos de mica en los labios: en la desesperación –antes de ser alcanzado- trató de comerse la credencial. (p. 99)

La narración se llena de sombras, de frustraciones personales y de la mayoría de la generación. Carla, narra sus fracasos amorosos, su imposibilidad de ser feliz con Ernesto. Como miembros de la clase media, tienen la posibilidad de salir del país como una alternativa para continuar con sus vidas; sin embargo, el golpe anímico resulta incurable:

La represión –lo comprendimos entonces- tiene efectos inmediatos. Las noticias se sucedían y empezaban a salir delatores y el gobierno o sus voceros insistían en culpar a la CIA, a políticos resentidos, a intelectuales de izquierda. (p. 101)

El sueño había terminado. Se percibe en los personajes una nostalgia por ese momento en que pudieron cambiar al mundo. El final de la novela es contundente:

Como ves, no hubo una decisión precipitada para mi partida; simplemente fue una acumulación de experiencias definitivas que me laceraron en el curso de ese año {…} créemelo, no se puede ser el mismo. Por lo menos, yo no puedo ser el mismo. (p. 108)

Como Ernesto, muchos de los miembros de esa generación, después del 68, tuvieron que partir de sueño a una realidad en donde había que sobrevivir.

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