Recuerdos Vagos de un aprendiz de brujo de José Piñeiro Guzmán

No hay que olvidar que gran parte de las novelas del 68 en México tienen como objetivo  denunciar los hechos que se dieron en la Ciudad de México a partir de 1968; por medio de la novela, se pretende sustituir la función de los medios de comunicación, que en la mayoría de los casos callaron los delitos del estado. Sin embargo, las novelas que fueron publicadas en años posteriores, van tomando otros caminos literarios que fueron diversificando a la novela del 68.

Recuerdos vagos de un aprendiz de brujo, es una especie de crónica imaginativa, publicado por la editorial Sociedad Cooperativa de Comunicación Social “Debate Ideológico” en 1983. La obra de José Piñeiro busca en la literatura de la imaginación, una respuesta a lo sucedido durante 1968 y los años posteriores en México, planteando, junto con escritores como Antonio Velasco Piña, Ma. Luisa Mendoza, Edmundo Domínguez Aragonés y otros, un acercamiento distinto al hecho histórico, sugieren que el 68 es parte de un destino[1] que tenía que cumplirse:

Y todo está quieto y en silencio, como nunca habías visto así la ciudad, hasta que al dar la vuelta en una esquina te encuentras una multitud que huye empavorecida, y aunque no se ve qué es lo que hace huir de esa manera, tú sabes muy bien cuál es la causa de ese miedo; lo sabes desde hace mucho tiempo atrás y entonces te repites ¡al fin sucedió!, y corres también en otra dirección preguntándote por todos aquellos compañeros de aquel viaje de “Los días y los años”, como le llama González de Alba (p. 59)

La novela se estructura en dos secciones. La primera, está integrada por elementos imaginarios, teniendo como figura central a Rayado, un nahual que vive en Verasana, lugar imaginario que nos propone Piñeyro y que sospecho que puede ser alguna zona mágica de Veracruz. En ese lugar, Rayado demuestra todos sus poderes para ayudar a la gente, de los cuales es testigo el protagonista de la novela que lleva por nombre Rayadito. De hecho, en esa primera parte, Rayadito se dirige hacia su nahual para platicarle su vida, la nostalgia que tiene por regresar a Verasana y sobre cómo ha cambiado su vida en la Ciudad de México:

Tenía yo siete años cuando lo conocí, y me consta que vi entonces sus brazos y piernas llenos de cicatrices que le dejaron los perros tigreros de don Barenquiel, la vez que se convirtió en “cotonpinto”, para asustar al viejo Amancio Villegas. (p. 18)

[…]

pero el poder de Rayado y su sabiduría son muy grandes y nada le pasó. Podía convertirse en el animal que quisiera y era el único en el pueblo que le hablaba a los chaneques. (p.19)

Al transcurrir la novela, se clarifica la intención de plasmar a Rayado y Rayadito como dos partes de una misma historia, alma vieja y nueva que comparten un destino por cumplir. Ese juego de personajes, se ve reflejado en un continuo cambio de voces, así como de escenarios y tiempos dentro de la novela:

…me revelaron una verdad que ahora no puedo contar a nadie. Rayado, ni aún a mis hijas, sin riesgo de que me crean loco, porque esa carta la escribí hace más de cuarenta años aunque yo tenga treinta y cinco.

He comparado una y otra vez los rasgos de la escritura de la carta con los de mis cuadernos de apuntes y son exactamente iguales; no se requiere ser un perito en grafología (p.32)

 

Y mira que es curioso. Rayado, ahora estoy ya tan cerca de ver el final de la película, me da la impresión de que el primer rollo fue pasado apenas “enseñantes”, hace un “ratitito” , porque otra vez estoy en el segundo día, de esta mi otra vida, aquí en este pueblo a la hora de la comida junto con los compañeros en el patio de defensores y ya conozco a algunos de  ellos, pero tengo que fingir que como, mordiendo el pan, porque la diarrea no cede y los retortijones de “panza” se me avivan, y hace rato cuando vi al médico de la crujía de turno para que me diera alguna medicina me dijo (206)

La segunda parte de la novela está constituida por una larga crónica de la estancia de Rayadito en la cárcel de Lecumberri durante dos años. Hay que destacar que Rayadito no era parte de la generación de jóvenes universitarios que participaron en el movimiento. Rayadito ya es un hombre, egresado de la Universidad, casado, con hijos y empleo en un diario. Como muchos ciudadanos se solidarizaron en algún momento con el movimiento, él lo hizo, ayudando a una brigada a escapar de la Ciudad de México:

el automóvil sigue rodando con rumbo desconocido, alguien tose por el humo de cigarro pero nadie habla, no me atrevo a formular ninguna pregunta, mientras no me hagan un cargo concreto no puedo intentar defensa; pienso en la posibilidad de que se trata de una represalia por haber ayudado a escapar de la  persecución de la policía, a un grupo de muchachos brigadistas de la Facultad que se fueron hace unos días en mi automóvil hacia algún lugar de la provincia, y me pregunto si ese es el motivo y quién pudo haberme denunciado, (p. 79)

La crónica de los hechos son retomados de varios medios de comunicación, con la intención de que lo escrito es verdad y no una ficción. Este es un fenómeno que se repite dentro de las novelas del 68, aunque se plantee una novela, género en donde preponderantemente lo descrito es ficción, muchas de estas novelas tienen la pretensión de decir la verdad sobre los hechos.

En ese segmento “realista”, se observan los elementos recurrentes de las novelas del 68, la Conjura Internacional de los comunistas, así como la presencia de los políticos que se quedaron al margen: Humberto Romero y Carlos Madrazo.

A pesar de estar en el terreno de la crónica, de la verdad, no deja de haber presencia esporádica de lo imaginario. Para Rayadito, la presencia del Rayado era constante y en los momentos en que más se necesitaban. Prácticamente su presencia era para salvarle la vida:

Pero ahora que me acuerdo, Rayado, aunque tú estabas a quinientos kilómetros de distancia y a muchos años lejos de mí, de alguna manera debiste haberte enterado de esto, no? Cómo si no te me apareciste en la “Noche de los Cuchillos Largos” vestido de policía para sacarme ileso de la celda o cuando en forma de mujer les dijiste a los agentes que me torturaban, ¡ya déjenlo, no sean desgraciados!

Finalmente Rayadito es liberado dos años después, cumpliendo con el destino que se le había guardado; sin embargo, no tiene certidumbre de si todo lo vivido fue real o fue parte de un sueño, así lo deja plasmado en el final de la novela:

un niño que dormido vuelve otra vez a sonreír porque de regreso a Verasana pudo por fin descubrir el secreto tanto tiempo guardado por ti, Rayado, y ahora vuela de una rama a otra convertido en colibrí, no sabes en verdad, Rayado, si todas esas imágenes tan extrañamente mezcladas fueron meros sueños, fantasías, delirios producto de la fiebre. Temores y presagios infundados que nunca ocurrieron o son ahora que te abres paso entre la multitud. (p. 250)

[1] La intención del autor es muy clara y se observa como advertencia en el prólogo de la novela, escrito por Arturo Martínez Nateras, uno de los líderes del movimiento: “Los duendecitos indígenas llevan de su mano a la generación del 68; la aparecieron, la castigaron en Tlatelolco, la preñaron de lo nuevo y, pese a sangrientos e infinitos abortos, el país se llenó con democracia en flor”. (p. 9)

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