Los juegos de invierno de Rafael Solana

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Rafael Solana publica en 1970 Los juegos de invierno, una de las primeras novelas (en su definición convencional) que se publica sobre el movimiento del 68 en México. Previamente, se publicó el Móndrigo (1968) y en el 70 también fueron editadas Los días y los años de Luis González de Alba y Chin chin el teporocho de Armando Ramírez, en la cual sólo hay un par de referencias al movimiento estudiantil.

La importancia de Los juegos de invierno, radica en que es una de las primeras novelas en publicarse y que su discurso se enfoca en la defensa del estado mexicano ante los hechos del 68. Es por esa razón, que la incluyo dentro de las novelas de Estado, en las novelas que incluyen dentro de su discurso la visión oficial del movimiento del 68, las que según el punto de vista de Scott James, abonan por un discurso público en su obra.

No hace mucha falta indagar sobre la posición que tuvo Rafael Solana dentro del campo cultural en México; podríamos decir que es un buen ejemplo del intelectual orgánico. Solana ocupa puestos en el servicio exterior, así como en la coordinación de la Olimpiada Cultural en el 68, entre otras funciones en la administración pública.

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Lo que resulta rico para la historia de la novela del 68, es que Solana no toma distancia ante el gobierno como lo hicieron decenas de intelectuales que estaban dentro de la nómina institucional. ¿Por qué? Esa sería una buena pregunta para Claudio R. Delgado, investigador que estudia a profundidad la obra de Solana. Lo que sí podemos esbozar, es que el olvido de la obra de Solana posiblemente se debe a la publicación de esta novela y también a su posición política.

La lectura de la novela me llenó de desconcierto, ya que uno quisiera encontrar desde las primeras páginas los elementos necesarios para dar por hecho que Los juegos de invierno es una novela de Estado; pero en lugar de esos deseados elementos, nos encontramos con cientos de páginas (210 para ser más específicos) que nos hablan de la estructura aristocrática de los Juegos Olímpicos, viajes, exotismo (muy modernista). Páginas que fueron escritas (uno podría pensar) como una estrategia para provocar cansancio para no llegar al tema del movimiento estudiantil.

Tanto los escritores de izquierda como los “orgánicos”, fueron motivados a escribir obras sobre el movimiento por intereses políticos y no estéticos. Había urgencia por denunciar los hechos que la mayoría de los medios de comunicación habían callado, o defender los intereses que se habían cuidado celosamente. En el transcurso de la lectura, vamos patentando el discurso público en la novela hacia cuatro temas en específico:

  1. Estudiantes
  2. Extranjeros/Internacionalismo
  3. Conjura de las “fuerzas extrañas”
  4. Campo Cultural

1. Estudiantes

Si bien es el grupo mayoritario del cuál se conforma el movimiento, también participaron la mayoría de los sectores de la clase media y baja. Lo que no hay que perder de vista es que el concepto de “joven” era prácticamente inédito, así que su fuerza era desconocida y por lo tanto desdeñada. El punto de vista de Rafael Solana sobre los jóvenes que participaron en el movimiento, se aprecia de una forma más clara con estos fragmentos:

 …los expendios de armas, especialmente en las calles de Donceles y en las de Argentina, cerraron tempranamente sus cortinas de hierro, temerosas de ser asaltados; la violencia creció, de pensamiento, de palabra y de obra; transportes de la policía vomitaron centenares de granaderos en las proximidades de la zona más agitada, la de la Preparatoria Número Uno, en San Ildefonso; los estudiantes se refugiaron en sus edificios, que juzgaban inviolables, y desde allí disparaban. (Solana: 211)

Algunos gritaban mueras a los Juegos Olímpicos. “Olimpiadas del hambre”, queremos justicia”, otros; o también: “Queremos libros, no palos”. Fuerzas del ejército se apostaron frente algunas de las instalaciones olímpicas: se llegó a temer un asalto a las obras de la Piscina, una destrucción de lo ya construido; se habló de un plan para tomar el tablero electrónico del Estadio de la Universidad e inutilizarlo. (Solana: 212)

Los estudiantes que participaban en el movimiento se plasman como jóvenes violentos, en espera del momento para disparar o boicotear elementos de la modernidad tales como el tablero electrónico del estadio de CU. Su visión acerca de los jóvenes, no deja de ser la versión de un niño que no puede organizarse, tomas decisiones, ser consciente de las condiciones que estaba el país, llevar a cabo un movimiento. Continuamente se pregunta ¿quién paga? ¿quién organiza? Así, con esas preguntas abiertas, nos vamos a la siguiente sección de este artículo.

2. ¡Los extranjeros!

Existen varias posturas de Solana en relación con los extranjeros. En primera instancia, hay que dejar en claro que el momento histórico (¡Fabulosos 60!) hay un intercambio cultural muy nutrido, desde lo institucional a partir de la organización de los Juegos Olímpicos, pero también desde la perspectiva disidente: Cuba, URSS, Corea, China, países “no alineados” que siempre tuvieron entre sus prioridades el internacionalismo; por otro lado las protestas juveniles que se llevaron a cabo en la mayoría de los países de occidente también fueron motivo de intercambio cultural. Esas dos caras de la moneda, las plasma Rafael Solana desde su posición en el campo cultural, comparte el argumento del estado mexicano en que son los extranjeros los que financian y organizan el movimiento estudiantil:

Pero nada era posible sacar en claro de sus declaraciones. ¿Quién los movía? ¿quién los pagaba? Todo era rumores: que si habían sido vistos, repartiendo billetes de cincuenta pesos en una cantina, individuos que habían figurado en los desórdenes de mayo de París. ¿Pero a quién le daban dinero? ¿A los estudiantes? No, sino a gente vestida más pobremente, a los boleros, a gente del pueblo. ¿Y para qué? ¿Con qué consigna? Los informantes no habían oído ninguna. Al parecer ni siquiera hablaban español quienes repartían dinero; nada decían, ningunas instrucciones daban. Mantener la inquietud, nada más. Gritar, desfilar, volcar camiones, quemarlos. (Solana: 212)

3. La conjura

 Junto con El móndrigo, Los juegos de invierno, son dos de los primeros textos que asumen como cierta la conjura de los políticos (que se quedaron fuera del presupuesto) y que en el 68 apostaron por descarrilar a la “revolución triunfante”. El nombre que siempre sale a relucir es el de Carlos Madrazo, presidente del PRI que intentó dar los primeros pasos de democratización al interior del partido; pero que en los primeros movimientos Díaz Ordaz lo destituyó, marginándolo de la vida política del país, además de aprovechar la coyuntura del movimiento estudiantil para organizar una campaña negra que incluía la organización y financiamiento del movimiento estudiantil:

¿Serían los descontentos, los políticos que no quedaron en el candelero? Se señalaba como posibles autores intelectuales y patrocinadores de la algarada a Carlos Madrazo, a Humberto Romero; hasta se llegó a hablar de detenerlos. Quería alguno de ellos ser puesto como presidente si se lograba derribar al actual? (Solana:213)

Como lo mencioné al principio del artículo, la mayor parte de las obras literarias sobre el 68, están hechas con prisa y con hambre de denuncia. Quizá por esa razón, tanto en el Móndrigo como en Los juegos de invierno se utilicen los nombres reales de los enemigos para lograr el desprestigio.

4. Campo cultural

 Ya hemos podido constatar cuál es la postura de Rafael Solana en relación con los jóvenes que participaron en el movimiento. Prácticamente se suma a la estrategia del estado anteponiendo el argumento de la “conjura” por parte de los políticos y países extranjeros para boicotear el “buen camino de México”; sin embargo, Solana plasma ese punto de vista con sus colegas:

-Me gustaría que alguien escribiera sobre esto, que alguien relatara estas jornadas; pero objetivamente, sin partido…uno del gobierno, ya sabemos lo que diría: que era desórdenes, alteraciones, tumultos, que la policía o el ejército tienen la obligación de aplastar, en defensa de las sociedades y de las instituciones; y uno de ellos mismos lo pintaría como una cruzada, como algo inspirado en las más altas miras, como un maravilloso impulso…y, la verdad, tampoco…

-¿Y quién podría escribir esto imparcialmente, sin usarlo para aportar agua a su molino y para incensar a su propio santo?

-No se me ocurre quién…Pepe Revueltas, imagínate nada más lo que diría…René Avilés Fabila está picado de la misma araña; también él haría canto lírico…tal vez la China Mendoza… (Solana: 227)

No tengo referencias de alguna declaración de Rafael Solana sobre su novela. No sé si hasta el final siguió compartiendo el argumento con el estado mexicano; tampoco si llegó a arrepentirse de lo que plasmó en la novela. Lo único cierto es que sí cuenta mucho trabajo conseguir esta novela que al parecer se quedó en la primera edición. Al parecer los académicos que están celebrando este año el centenario de su natalicio no están muy interesados en rescatarla. Ya se verá.

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