#Domingo Sangriento “El Gatote Pancho”

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Hace un par de años impartí un taller de cuento en el penal de Huejotzingo. Fue una experiencia tremenda que hasta el momento recuerdo con mucho cariño. Sobre todo a un chico que escribió un increíble cuento sobre un gato modificado genéticamente (casi) que hizo que todos nos conmoviéramos. Intenté recuperar el texto original, pero no lo pude encontrar. Así que antes de que pase más tiempo y la memoria lo borre del todo, escribo lo que aún recuerdo:

El gatote Pancho

Cuando vivía con mis papás tuve un gato, un gatote que media un metro de largo y era tan gordo como un cerdo. Se hizo así de grande porque le inyecté anabólicos desde pequeño, desde que me lo regaló la vecina. Yo sólo quería saber hasta dónde podía crecer.

Lo malo no fue el tamaño sino que se convirtió en un animal muy violento. Mi mamá estaba harta de tanto desmadre con el gato Pancho. Y la cosas se puso peor cuando Pancho mató a una rata y la anduvo trayendo de aquí para allá como si fuera su mascota hasta que se aburrió. Fue casi una semana de andarla trayendo y nadie se la podía arrebatar porque ¿quién se atrevía a enfrentar al gato?

Cuando ya no fue de su agrado, la dejó en la cocina, en la mesa en donde mi mamá siempre hacía la comida. Ella se había ido a trabajar, así que aproveché el tiempo para ver qué es lo que tenía la rata adentro. Con el cuchillo de mi mamá abrí la rata, separé cada uno de sus órganos, la pelé todita hasta dejarla en huesos. Le saqué los sesos y en su cráneo entró exacto mi dedo índice.

Pancho me miraba atento, quizá un poco enojado porque veía que estaba muy entretenido  con su ex mascota. En ese momento entró mi mamá y cuando se dio cuenta de que había hecho todas esas porquerías con sus trastes, fue directo hacia mí, para agarrarme de las greñas, para decirme que estaba harta, que era un enfermo mental, que era un desquiciado, que mañana a primera hora me iba a llevar al psicólogo. El gato estaba contento y yo siempre digo que sí a todo lo que me dice mi mamá.

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