Un cuento de Juan Carlos Hidalgo: Mezcal con soda y otros tóxicos (donde salgo soy como personaje)

Hidalgo

Existen cosas imposibles de forzar; especialmente el nacimiento de una canción. En ocasiones aunque la música esté casi acabada, la letra se escabulle. En otros momentos por más que la banda improvise durante largo rato no aparecen las estructuras correctas, los acordes, los riffs. No se le puede presionar, obligar a surgir. Ni siquiera con el estudio ya rentado y con el tiempo establecido previamente. Cuando eso sucede —y no ha sido pocas vecesMarc sabe que lo mejor es poner tierra de por medio. A veces horas, un día o hasta una semana completa. Tiene que alejarse, olvidar que estaba componiendo. Poner la mente en blanco una vez más.

Clínica ALCLA. Pabellón C. Habitación H

El tiempo allí no era lineal. Todo era curvo… cíclico; un loop eterno con escasas variaciones de cuando en cuando. Él se veía parado junto al Obelisco. Miraba pasar un tráfico intenso. Un torrente multicolor de fibra de vidrio y metal. Tenía puesto un chubasquero color mostaza. En la mano izquierda sostenía un megáfono. Miraba una y otra vez su reloj. Esperó a que dieran las seis de la tarde en punto. Encendió el aparato. Subió el volumen al máximo y dijo: Esperé este instante y no lo dejaré deslizar en recuerdos quietos ni en balas rasantes que matan”.

Cervecería La Polar. Coyoacán, DF

Desde que quedaron de verse vía Facebook en la cervecería y se presentaron, Marc supo que podía confiar en alguien a quien llamaban Churromán. El orden de las cosas parecía haberse invertido. La idea era que a él lo entrevistaran, pero un apodo como ese desbordó varias preguntas. En el inter pidieron un par de tarros campechanos de cerveza. Marc estaba seguro de que debía de tratarse de un fumador consumado y gran forjador para merecer el mote de Churromán. No podían dejar de reírse una vez que el joven le explicó que no es que fumara mucho ni que fuera un experto. El nombre venía de cuando sus amigos de la preparatoria habían descubierto que trabajaba media jornada en una churrería de sus tíos.De inmediato brotó aquello de El hombre de los churrosChurromán debía protegerles en calidad de un superhéroe fumado y proveerles materia prima, pero no lo hacía, tan sólo sobrevivió el apodo. En el ambiente del periodismo también era celebrado tal calificativo, que le servía para abrir muchas puertas.

Luego se pusieron a intercambiar preguntas y respuestas más en forma. Había venido desde Puebla para hablar con el cantante de Dorian. No era común que un grupo español escogiera México para grabar sus discos. Más bien podía pensarse lo contrario, que España despertara la ilusión de los mexicanos. La conversación fluyó de maravilla. Parecía que se conocían desde hace mucho.

Churroman le desveló parte de la historia poblana y Marc terminó por no guardarse los problemas que tuvo para terminar la composición de nuevos temas. Las cervezas se multiplicaron. Al momento de considerar el regreso a su ciudad, El Churro como también le decían reveló, como si fuera un chiste, la existencia de una Mezcalería en Puebla que se llamaba igual que el barrio en el que se habían reunido. La Mezcalería Coyoacán era propiedad de un buen amigo suyo y en ella servían más de 70 variedades de la bebida. A Marc le atraían las coincidencias; a su manera era un tanto supersticioso. Llenaba su entorno de cábalas casi tanto como los futbolistas.

Preguntó por el tiempo que tardarían en moverse para allá. Saber que hacían poco más de dos horas se convirtió en el anzuelo definitivo. Apenas pasaban de las 5 de la tarde. Churroman le dijo que lo más pesado era llegar a la terminal Tapo, pero podían tomar un taxi que los llevaría en unos 45 minutos desde el centro de Coyoacán. Pagaron y buscaron un auto de alquiler.

Después de comprar los boletos, Churroman telefoneó a su amigo Ricardo Cartas para saber si estaba libre la Casa del escritor, una especie de albergue que les facilitaban cuando algún autor presentaba un libro en la ciudad. Cartas dijo que preguntaría y quedaron de verse en la Mezcalería. Dijo también que llevaría una de sus novelas para regalársela al músico.

Durante el trayecto pasaron de las explicaciones de El Churro sobre la pirámide de Cholula y las iglesias de Puebla, a recrear la vida nocturna de Barcelona y un breve repaso a la grandeza del equipo de futbol. Cuando el mexicano quiso preguntar por la figura de alguien tan polémico como Loquillo se dio cuenta de que estaban llegando a la estación de autobuses. Más bien le contó de qué van las cemitas para pasar a comer algo antes de volver a beber en forma.

Mezcalería Coyoacán, Puebla, Puebla

El bar se encontraba apenas a unas cuantas cuadras del centro de Puebla y su catedral, junto a lo que había sido el Museo del Automóvil. Ahora sólo quedaba el primer Papamóvil que se había fabricado y que se usó para la visita de Juan Pablo II a México. Marc se rió mucho contemplando un auto tan feo, pese a que estaba semicubierto con algunas mantas.

Caminaron unos cuantos pasos y llegaron al antro. El Churro era bien conocido en el establecimiento; estaba en planes de poner una cafetería en el patio central. Había un largo tramo de jardín. Se instalaron en el interior, en una de las mesas de madera cercanas a la larga barra. Era un sitio estratégico pues desde allí se puede mirar la extensa fila de botellas de mezcal. La elección de bebidas se facilitaba estando sentado allí.

Churromán se dirigió hasta el estante de las botellas y tomó una que tenía una rama dentro. Sirvió dos caballitos. Luego abrió el refrigerador de las cervezas y tomó dos cuartitos. Le dijo algo al tipo que atendía la caja. Y con la habilidad de quien ha trabajado atendiendo un bar, tomó las bebidas y las colocó sobre la mesa.

Mira Marc, este es mezcal de cedrón. Es un árbol de propiedades medicinales. La gente hace infusiones con sus hojas. Le da un sabor muy especial a la bebida.

Pues nunca lo he probado. Veremos qué tal funciona. Vale.

Seguro encontrarás su lado interesante; ¡salud!

¡Salud por Churromán, por Puebla y el mezcal!

Después de beberse el caballito de un trago, Churromán regresó al mostrador y sirvió un par de copas más.

Servido. Te dejo un poco. Voy a hacer una llamada. No tardo.

Seguro, mientras me hará compañía el mezcal.

No sabes que buen conversador es. 

Seguro.

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No podrías decir que tus ataduras te tallan las muñecas. Apenas si las sientes. Tanto tiempo obsesionado con las imágenes de San Sebastián. Ahí está el poste y tú, en medio, ansiando un martirio que acabará rápido. Pero no es el caso. En vez de prepararte para arder en una hoguera, te tienen ahí como una especie de jamón serrano gigante. Te van cortando en lascas finas muy lentamente. De alguna parte brota tu voz cantando: Ahhh, come de mí, come de mi carne… entre caníbales”. Bajas la mirada y vestu costado con la carne abierta, mientras la canción sigue: “tómate el tiempo en desmenuzarme”. Entiendes que todo ese montaje no es sino una representación de tus propias palabras, frase procedentes de otro tiempo.

Mezcalería Coyoacán, Puebla, Puebla

A esa hora habría unas cuatro mesas más, ocupadas en su mayoría por jóvenes, casi adolescentes. Conversaban animadamente y bebían cerveza. Marc dejó que el mezcal resbalara por su garganta. Ocupaba su cuartito de cerveza como acompañamiento. Le daba tragos cortos.

Miró hacía los cuatro lados de esa casona de techos altos y paredes blancas. Terminó su mezcal y tomó el de Churromán. Al lado de la puerta de entrada, después de unas cortinas recogidas, había una pantalla de video. Pasaban a Soda Estéreo en un concierto de Viña del Mar. El público estaba emocionado hasta el delirio. Al contrario de lo que pasaba en la mayoría de los bares, las imágenes no eran mero acompañamiento. El audio estaba puesto y pudo poner atención a la letra. Lo interrumpió un mesero que llegó con otra ronda de cerveza y mezcal.

Aquí manda esto Churromán.

Muchas gracias.

No podía dejar de sorprenderse por la calidez del público. A él, como catalán, le impresionaba la forma en que la gente latina manifestaba con furor sus emociones. No tenían límite. En cambio, los españoles eran más calculadores, algo fríos. Siguió bebiendo.

Esa canción ya la había escuchado antes. También había visto Doble de cuerpo, la película de Brian de Palma que dio origen a la letra. Al ver ese concierto se preguntó dónde estuvo en 1987. No se le daba fácil hacer memoria. ¿Dónde habría tocado ese año? ¿Qué era de su vida?

La actuación transcurría. Marc veía como el cantante ejercía total fascinación en cada uno de los que aquella noche había llenado lo que parecía un estadio, pero que solo tenía la mitad de la construcción: una media naranja. El recinto era semicircular como los teatros griegos y potenciaba el sonido. Aquello parecía más un ritual, una misa, que un concierto al uso. ¿Qué habría que agregar a la música para llegar a ese nivel, para provocar esas reacciones?

Se dejó ir al interior de ese concierto. Cuando volvió a mirar alrededor de la Mezcalería habían llegado más bebedores. El resto de las mesas de gruesa madera ya se iba llenando. Varios de los presentes cantaban:

Estamos al borde

de la cornisa

casi a punto de caer

no sientes miedo, sigues sonriendo

 que te excita pensar hasta dónde llegaré.

 

Las botellas de cerveza y los caballitos se esparcían a lo largo y ancho del local.

 

Clínica ALCLA. Pabellón C. Habitación H

 

No hubo una razón clara, pero jamás comentaste lo mucho que te gustó La pesadilla del Marabú, un libro en el que un hincha escocés está en estado de coma y sueña con aventuras en el corazón de la selva africana. ¿Quién lo hubiera dicho? Ahora estás como el protagonista. Sabes que tu cuerpo se encuentra allí pero no existe opción alguna para que puedas comunicarlo a tus acompañantes. Has aprendido a sobrellevar la desesperación. Nada queda por hacer sino escuchar como tu madre te canta una canción de cuna. A veces estás allí… a veces no.

 

Mezcalería Coyoacán, Puebla, Puebla

Marc estaba sumido en sus pensamientos. Se acordaba de noches de juergas infinitas en Barcelona en las que trataba de verter toda la energía acumulada sobre el escenario. Recibir las vibras de la gente lo hacía emocionarse de ser músico. Siempre había tratado de exigirse al máximo sin importar que su vida privada danzara en el filo de la cordura.

Lo interrumpió la voz estruendosa de Churromán.

Marc, te presentó a Ricardo Cartas y Rogelio Garza. Los dos son escritores, pero el Roger también le da duro a la bicicleta.

Mucho gusto, Marc Gili.

Eres el cantante de Dorian, ¿no? Ricardo Cartas le palmeaba la espalda y le hacía la seña de que no se levantara de la mesa.

Soy Rogelio. Garza le estiraba la mano.

¿Ciclista también?

Exacto.

Churromán jalaba una silla de una mesa contigua y se acomodaba.

¡Chino!, ¿adónde andas? El grito se dirigía a la barra de la Mezcalería.

Un hombre alto y de tez morena clara salió de la habitación posterior a la barra que habían habilitado como cocina.

¡Pero si es el mismísimo Churromán!

Ya me habías escuchado hace rato, no te hagas pendejo.

Nomás fingía pa` ver si caías en el garlito.

Vente a sentar con nosotros. Vengo con tres amigos; uno de ellos es un músico español. Pero tráete una botella de arroqueño.

Tú siempre rodeado de pura personalidad, ja,ja,ja. Voy por la botella. —El Chino regresó con el mezcal y cinco caballitos limpios. Como las cuatro caras ya estaban ocupadas se sentó en una esquina, en la que había una silla vacía.

Para quien no lo conozca, se los presento: El Chino, el mismísimo dueño de Coyoacán Mezcalería.

Bueno, Cartas ya es de la casa. El dueño contestó mientras servía los cinco tragos.

Mira Chino, él es Marc, canta y toca en Dorian. Es de Barcelona.

¡Bienvenido a Puebla, mi estimado catalán!

Churromán le ayudó a distribuir los tragos. 

¡Pues hagamos rodar estos brebajes. Rogelio Garza proponía un brindis.

Los cinco terminaron su mezcal de un sorbo y sirvieron otra ronda.

Espero que el arroqueño sea de su agrado. No cualquiera bebe y conoce de este mezcal. 

¿Cuéntale a Marc que tiene de particular? Mira, checa su aroma. Cartas olfateaba su caballito, como poniendo el ejemplo para el español.

Ahí les va. Se trata de una especie de agave muy inusual. Es muy pequeña y crece solo en algunos rincones de los desfiladeros. Los hombres se la tienen que ingeniar para llegar hasta allí y cortarlos.

Pues sabe y huele muy diferente a los demás. Rogelio Garza analizaba detenidamente su vasito.

Si se dan cuenta tiene cierta propiedad aceitosa. Un sabor suave y aroma profundo.

No en vano decimos que pasa por una especie de absenta mexicano. Ricardo Cartas se sumaba a la disertación.

Las veces que bebes esto obtienes una borrachera especial. Nada parecido a cuando tomas ron o whisky. Entras en un sopor; casi como entrar en otra dimensión.

Eso suena interesante. Profundicemos. Marc apuró su bebida.

Bueno, los dejó. Tengo que volver a la barra. Lo que se les ofrezca. Al rato mando las de las casa. Eso, si el arroqueño se los permite.

Lo bueno es que muy pocos saben de este mezcal. El Chino lo trae hasta Puebla. Lo mantenemos como una bebida casi secreta. Cartas proseguía con la explicación.

Sólo para iniciados. Ahora tú lo eres. Churrománchocó la copa con Gili.

¿Iniciados en qué? Marc También bebió.

Pues ya te dijimos que varios de aquí nos dedicamos a escribir, así que tenemos una especie de grupo al que hemos llamado los Ultracostumbristas.

¿Y eso en qué consiste?

Trata de mostrar que la literatura no tiene por qué sacralizarse ni ser una literatura de aula ni púlpito;debe de ser una literatura llena de emotividad, debe ser festiva y lúdica, repleta de la vitalidad con la que los universos se construyen.

Suena bien

Ya casi tengo completo su manifiesto no publicado. Tengo claro de qué va. El Ultracostumbrismo eyacula imágenes de colores y desenreda los matices de la vida para enmascararlos de forma distinta cada vez que se sienta a contar una historia; porque no hay mejor muerte que la de morir escribiendo.

¿Y sólo participan escritores de Puebla?

En su mayoría, aunque por allí hay alguno de nosotros en Pachuca. No podemos negar que tiene que ver con la provincia. De hecho, nos gusta retomar el lema de otra corriente que partió del interior: los estridentistas. Entre sus frases de combate estaba una buenísima: ¡Arriba el mole de Guajolote! Y ya sabrás que el mole es el platillo que mejor representa a Puebla, así que nos queda como anillo al dedo.

Escenario de la Mezcalería Coyoacán

El grupo de nuevos amigos fue interrumpido, al igual que el resto de locorrillos, por la voz de un presentador.

Muy buenas noches. Gracias por estar aquí está noche. Con ustedes una figura del under poblano. Hoy en la Mezcalería Coyoacán: Iván García.

En el pequeño templete de madera se encontraba la figura de un joven —casi un adolescente— vestido de negro. Una guitarra eléctrica al pecho y el cabello enmarañado, como si tuviera crepé. Parecía una versión miniatura de Robert Smith.

Buenas noches; hoy voy a tocarles sólo cinco canciones.

Y arrancó con piezas que eran una combinación de cantautor latinoamericano con el primer Dylan y tintes de poesía. El público escuchaba atento, las conversaciones cesaron. El set no tenía pausas, apenas los temas se separaban por los aplausos al finalizar cada una.

Una parte de la quinta pieza decía: “Si Rimbaud estuviera vivo se colgaría una stratocaster. Fue la más aplaudida. Al terminar el muchacho bajó del escenario y salió del local por la puerta delantera.

Mezcalería Coyoacán, Puebla, Puebla

Qué buena canción la última. Yo tengo un tema en el que habló de Los cantos de Maldoror de Lautremont. No muchos logran meter a un poeta en una canción pop. Me voy a tomar otro mezcal a su salud y la de vosotros también.

Iván es como el cantante del ultracostumbrismo. En sus canciones hay algo que nosotros también buscamos; de alguna manera tomar fotografías todavía no reveladas de la realidad.

Pues muchos intentamos lo mismo. Encontrar imágenes inéditas, buscar respuestas. Tal vez alguna vez nos demos de frente con alguna verdad. ¿O no, Rogelio?

Pues cada uno lo intenta. Esperemos que llegue el momento en que cada uno lo alcance. En lo personal, por mi trabajo la tengo todavía más difícil.

¿A qué te dedicas?

Trabajo en una agencia de publicidad. Ya sabes, campañas de publicidad, estudios de mercados, redacción de copys. Es un ambiente de mierda.

Seguro. Ni lo digas.

Por eso me he clavado en el ciclismo. Allí es cuando me relajo y puedo pedalear escuchando música. Después de una fumadita uno va dándole a la cleta en algún buen lugar y piensa que va dejando todo lo malo atrás. 

Todos deseamos de alguna manera quemar nuestras vidas y renacer en alguna otra parte.

¿La bicicleta es lo que te trae por aquí?

Exacto. Voy a Oaxaca a un Congreso de ciclismo urbano y decidí dar un rol por aquí para visitar a los amigos.

¿Y cuándo arranca?

Mañana en la mañana. De hecho, en cuanto salga de aquí agarro carretera.

¿Y queda muy lejos?

Menos de tres horas

Hostias, pues suena bien.

Lugar en la nave hay; así que si se animan.

Ya lo iremos pensando. Mientras, digamos salud. Churromán había estado escuchando con atención la conversación. 

¡Por los poetas muertos, las bicicletas y las canciones pop! Cartas completaba la invitación.

Ese podría ser un brindis ultracostumbrista.

Bien dicho, mi Roger.

Conforme el mezcal iba corriendo la realidad parecía distenderse. La conversación se multiplicaba hasta convertirse en un torrente de voces. Cada uno soltaba historias sobre la experiencia de vivir en el borde y la complicada relación con el arte. Los tragos parecían no tener fin.

Creo que ya es momento de lanzarnos. Rogelio Garza miraba la hora en su teléfono.

Pues si me dejan en Tehuacán, me voy con ustedes. Mañana me toca dar taller y además queda de paso. Déjenme sirvo la caminera.

¿Churromán? ¿Vienes con nosotros? Marc le pasaba su copa a Cartas.

No creo, al rato tengo que trabajar en la churrería. No cambié mi turno.

Primero lo que deja y luego lo que quita. Cartas editorializaba mientras servía otra ronda.

Pues echémonos el drink; la carretera nos espera. Garza repartía los tragos.

¡Por los poetas muertos, las bicicletas y las canciones pop! Cartas lanzaba la proclama.

¡Os ha gustado el lema!

Nos describe perfecto, Marc.

¡Es hora de rodar… con motorGarza apuraba al resto.

Bebieron hasta el fondo y recogían sus cosas. En ese momento llegó El Chino para despedirse.

Espero que la hayan pasado a toda madre. Aquí les traje una botella de Madrecuixe pa` que los acompañe. No siempre tenemos visitantes tan distinguidos. Marc, tu banda es una chingonería.

Que guay que os gusta. Muchas gracias por todo. 

Chino, yo me arreglo contigo con lo de la cuenta. Churromán se frotaba el copete.

Sin problema.

Con lo que he bebido podría fundir el sol. Marc soltaba el aliento al concluir la frase.

Y lo que falta. Garza hacía la señal de salir.

Ya llevas el aliento del dragón sediento.

Eres un sabio, Cartas. El chino le daba una palmada en el hombro.

¡Que les vaya bien!

 

Autopista federal MéxicoOaxaca

Yo me voy a tomar un Red Bull para el camino. Ustedes si quieren pueden darle al mezcal. Rogelio sacaba una lata de la guantera de su auto.

Pues sí tendremos que darle unos pegues al Madrecuixe para no quedarnos dormidos. Cartas iba destapando la botella.

Yo no me quedó dormido tan fácil, pero te acompaño. Siempre es importante el copiloto.

En eso tengo un rato de experiencia. Me la paso viajando a la sierra de Oaxaca y a la de Puebla. Me gusta perderme en los pueblos para encontrar de quéescribir. Además por allá tengo familia.

¿En Huautla?¿dónde los hongos?

Por allí no. En la mixteca. Son otros rumbos, igual de alucinantes aunque sin hongos.

Pero mota siempre hay, ¿no? Garza le daba unas fumadas a un porro.

Eso siempre.

¿Y a qué dices que vas a Tehuacán?

Doy un taller de literatura. En un viejo convento al que han convertido en centro cultural. Está poca madre.

Esos edificios son preciosos. Marc dada unos tragos más a pico de botella.

La arquitectura no tiene madre. Se trata de un sitio viejísimo donde dicen que se aparecía el diablo.

Acá es muy fuerte eso de la religión. Marc acompañaba la conversación con mezcal y luego lo rolaba a Cartas.

Puebla es uno de los estados más fanáticos. A los radicales les decimos mochos. Aquí la iglesia y la fe católicas están muy cabronas.

Pues en España ya sabéis. A los catalanes nos ha costado mucho. En lo personal, he aprendido a tomar distancia con una buena frase: ¿Por qué creer en Dios si en él no cree en nosotros?

Exacto. Esa frase merece otro trago. Va el mío y te lo paso.

Por cierto, en la mezcalería me di cuenta de que la gente sigue con pasión a Soda Estéreo, ¿por qué?

Es un grupo que nunca se ha ido. Va más allá de algo generacional. Al menos en Puebla, se les sigue escuchando como si estuvieran en activo. Al terminar la explicación, Cartas bebió de la botella y la pasó.

Más bien es algo que se extiende a todo México. No sólo se les respeta, se les sigue queriendo. Los tenemos presentes. Es más, en mi iPod traigo mi disco preferido. Voy a ponerlo. Sin dejar de prestar atención a la carretera, Rogelio Garza buscaba en el menú de su aparato.

¿De qué disco hablamos?

Espera a que suene Marc; igual y lo has escuchado. Además voy a poner mi rola favorita. Ahí les va. Tras una breve pausa, la canción comenzó a sonar hasta que llegó la primera estrofa.

“Somos cómplices los dos

al menos sé que huyo porque amo

necesito distensión

estar así despierto

es un delirio de condenados…”

 

Esa es “Prófugos”, pero todo el Signos es un álbum memorable.

 

A mí también me late cabrón. Mientras conversaba, Cartas atendía a la botella de Madrecuixe.

 

Vamos a dejar correr el disco. Ya falta poco para llegar.

 

Me voy empapando de lo que provocaba el fervor.

 

La carretera estaba muy poco transitada a esa hora de la madrugada. A muchos choferes les disgusta conducir con niebla. Pasadas las cuatro de la mañana está el punto exacto en que los nocturnos están claudicando y los madrugadores apenas van a tomar camino.

 

Dejaron la carretera y tomaron la desviación que los llevaría hasta el centro de Tehuacán

 

A un costado de la plaza principal se encontraba el convento que habían convertido en centro cultural. Casi no necesitaron que Ricardo Cartas les diera indicaciones. Se detuvieron delante de un portón de añeja madera.

 

Pues llegamos. Aquí es el lugar. Yo no doy clases hasta después de las 10 de la mañana. Aquí les pasó lo que resta del mezcal. Ricardo Cartas devolvía la botella.

 

¿Y dónde duermes? 

 

Tengo una oficinita en la que hay un sofá-cama. Ahí me puedo echar un rato.

 

¿Me dejarías pasar al baño? Todavía me falta manejar otro tanto —soltó Garza.

 

Sin problema. Vamos de una vez.

 

¿Vienes o te quedas, Marc?

 

Prefiero esperarlos ya me encuentro algo fatigado.

 

Marc se acomodó en su asiento para mirar ese pueblo casi desierto. Las casas antiguas eran testigos mudos de cientos de historias. Le dio un trago más al licor,porque sintió algo de frío. Se le olvidó pedirle a Rogelio que dejara la música encendida. En general, el ambiente se encontraba cobijado por el silencio. De repente, el ronroneo de algún auto lejano o el canto de un gallo que se colaba. Eso le indicaba que no tardaba en amanecer.

 

Clínica ALCLA. Pabellón C. Habitación H

 

Abrió los ojos y se dio cuenta de que estaba acostado en una cama de hospital. El cuerpo conectado a una gran cantidad de mangueras y sensores. Al lado suyo una mujer madura estaba sentada en un sillón y hablaba sin parar. 

 

Marc intentó mover alguna parte de su cuerpo y se dio cuenta que no había respuesta. Ningún músculo reaccionaba. También comprobó que aunque según él tenía los ojos abiertos, los párpados estaban cerrados. La señora que lo acompañaba no se inmutaba, seguía con una perorata que no comprendía de que iba y además tenía un marcado acento argentino.

 

Sólo tenía conciencia de que estaba allí. En un hospital. Era imposible cualquier movimiento o emitir palabra alguna. Sabía que no podía desesperarse. No le quedaba otra que dejar transcurrir la experiencia. Escuchar con atención.

 

Así es Gustavo, esta hija de la gran puta de la Kirchner no deja salir a nadie con más de mil dólares en efectivo del país. Las transferencias se vuelven un problema. Uno debe tener mucho cuidado con cualquier movimiento. Como siempre, la clase media es la que paga el pato. Estamos supeditados a los caprichos de una loca, viste. Pero tú no debes preocuparte, Gustavo; para eso me tienes a mí que soy tu madre. Sabes que puedo ocuparme de todo, que fuerzas no me faltan.

 

Marc asimiló en qué cama estaba. Ahora él estaba allí,usurpando un cuerpo que no era el suyo. La sensación era inquietante, pero desde hacía muchos años dominaba sus emociones y los nervios. De nada servía dejarse llevar por el pánico. Todo se reducía a permitir que el tiempo transcurriera y poner atención a las palabras de una madre con un carácter de acero y una fe inquebrantable.

 

Plaza Principal, Tehuacán, Puebla

 

Unos golpecitos en la ventana del automóvil despertaron a Marc, que brincó en el asiento. Despertó con la botella de Madrecuixe entre las piernas.

 

No te espantes, güey; nomás es para darte un cafecito. Rogelio le extendía un vaso desechable.

 

Marc bajó la ventanilla y extendió la mano para aceptar la oferta.

 

Muchas gracias. Es que me quedé dormido.

 

Es lo que vimos. Nos tardamos porque los tresnecesitábamos un café y me gusta prepararlo de olla. Allá dentro tengo una parrilla. Cartas señalaba al centro cultural.

 

Yo ya lo probé y le queda bueno al teacherGarza sostenía el vaso con las dos manos para obtener un poco de calor.

 

No lo dudo. Todavía estoy medio pasmado por el sueño. Fue una pasada. Sentía que estaba en el cuerpo de Gustavo Cerati. Me encontraba acostado en la clínica. Y estaba su madre sentada al lado, que no dejaba de hablar.

 

Los efectos del mezcal son impredecibles. Recuerdaque tomamos arroqueño y Madrecuixe. Combinación letal. Cartas sacudía la mano en busca de acentuar los efectos de la bebida.

 

Les juro que casi era más que un sueño, como una proyección. Una especie de transmutación de almas en otros cuerpos. Si no me despiertan, me quedó en Buenos Aires.

 

No es para tanto, pero se siente de la chingada. Algo sé de lo que hace el LSD. Pudo ser parecido.Rogelio alternaba plática con tragos cortos a su café humeante.

 

Es que todo parecía tan real.

 

Ahora puedes decir que tuviste un sueño estéreo.Cartas soltó una carcajada.

 

¡Qué buena mamada! Pero ya es hora de seguir pedaleando el asfalto. Nos falta poco para llegar. Rogelio Garza se frotaba las manos.

 

A por esos kilómetros faltantes.

 

Rogelio y Marc se despidieron de Cartas sin demasiados protocolos. El escritor aprovechó para entregarles uno de sus libros, les dijo que en la primera hoja había anotado sus datos de contacto y luego se dieron un abrazo breve.

 

Autopista MéxicoOaxaca

 

¿Cómo va mi copiloto?

 

Pues después del terrible sueño voy medio sacudido. Todavía voy flipando de la emoción.

 

Hay experiencias muy vívidas; unas en las que uno juraría que está metido en algo real.

 

Os juro que me sentía tendido en una cama de hospital. Intentaba mover algún músculo pero no merespondían. Me daba cuenta del entorno pero no podía hacer nada. Trataba de mantenerme en control. Aquella señora no dejaba de hablar. Cerati debe sentirse afortunado de que alguien lo quiera de esa manera.

 

Mucha gente lo ama. Debo decir que te entiendo perfectamente. Hace años en el DF fui a un bar underque se llamaba ETuttifruti. Estaba oculto detrás de un restaurante donde cantaban canciones rancheras y vendían comida mexicana. No tenía ni anuncio, era un poco clandestino.

 

¡Wooow!, suena alucinante.

 

Era un sitio de locura. El asunto es que esa noche andaba en LSD. Y no creas, durante el concierto la pasé muy bien. Hasta creí que no me estaba haciendo el suficiente efecto. Más bien se tardó en estallar. Un poco antes de que cerraran vi claramente como mis conocimientos se convertían en canicas de colores. Cada bolita representaba una idea o algo que sabía. En una estaba mi nombre, en otra mi dirección. Cada cosa que me conformaba estaba en la palma de mi mano, pero llegó un momento en que tenía tantas canicas que no pude contenerlas y rodaron por el suelo.

 

Coño, debió ser terrible.

 

Desesperante, porque claramente sabía que por el suelo rodaba mi vida entera. Todo lo que yo era y mis recuerdos. Empecé a alarmarme porque pensaba que si no encontraba alguna canica, allí estaría algún dato importante, como la dirección de mi casa.

 

¿Y qué hacías?

 

Pues andaba como loco, según yo en cuclillas, recogiendo canicas que nadie más veía.

 

¿Y cómo saliste del embrollo?

 

Como es necesario en ese tipo de viajes, se requiere de alguien que te ayude a aterrizar. Una de las meseras del lugar se me acercó, me preguntó qué demonios hacía y cuando escuchó la historia se ofreció a ayudarme a recogerlas. Estuvimos haciéndole al cuento por el bar casi vacío a esas horas. Ella iba tranquilizándome con frases que decían que ya íbamos a terminar de juntar las canicas. Logró que me sintiera bien. Ya con la seguridad de que no dejaba ninguna, pude marcharme a casa. Hasta me prestó dos bolsas de plástico para que tuviera donde guardarlas.

 

Vaya historia, tío. Tremenda. Así son esas cosas. Uno se siente bien de que existan estos tiempos encarretera para poder contar ese tipo de cosas.

 

Cada vez son más escasos los momentos adecuados para la conversación.

 

Uno va a todo tren. Me toca pasar de una gira larga a dar promoción. Cuando me doy cuenta, tengo que entrar a componer nuevas canciones. Casi no hay oportunidad para paladear las cosas. De repente me invade una especie de vértigo y no puedo seguir adelante. Las canciones se traban. No surgen melodías, no aparecen las letras. Me hace falta salir al mundo real, conocer gente, lugares. Y veme, aquí estoy.

 

Te entiendo perfecto. Para mí, salir a pedalear me trae esa sensación de libertad.

 

Es muy difícil hablar de lo que no conoces. Es importante fundirte con el mundo.

 

El resto de trayecto transcurrió entre una carretera poco transitada y una plática fluida. No fue sino hasta la entrada a Oaxaca que de repente el tráfico se hizo lento, había una fila de automóviles que no avanzaba; incluso algunos habían apagado sus motores. En el interior, los pasajeros del coche se adelante parecían no inmutarse. Se les veía completamente en calma.

 

No te saques de onda, Marc; esto suele pasar, hay muchos plantones y manifestaciones por aquí. Hace mucho que esta tierra no está en paz.

 

Pues poco se publica en los diarios de por allá, aunque algo se sabe de los conflictos mexicanos…,que no son pocos.

 

Voy a ir a echar una ojeada a ver qué pasa. Puede que sean maestros, puede que sean campesinos. A lo mejor hasta un accidente. Supongo que sabes manejar. Dejo las llaves por si avanzan, pero lo dudo mucho. No está de más averiguar lo que sucede.

 

No os preocupéis, aquí espero.

 

Marc se quedó mirando por la ventana. Al lado de los autos pasaban personas caminando. Algunos eran hombres rumbo al trabajo. También desfilaban mujeres que llevaban a niños de la mano o cargados en brazos. Los chiquillos llevaban caras todavía de dormidos.

 

Encendió la música y miro con atención la botella de mezcal. Todavía sentía en el paladar el sabor del alcohol. Poco había hecho el café. Destapó la botella y olió el contenido. Ya no bebió.

 

Sueño estéreo II

 

Sentía que estaba profundamente dormido en el asiento donde había viajado toda la noche. La cabeza recargada contra el cristal de la ventana. De repente la música dejó de sonar y una voz cortó de tajo su descanso.

 

¿No se te hace que ya se repitió demasiado este disco? A uno no le gusta escuchar tantas veces las mismas canciones, menos si uno es el compositor. La voz provenía del asiento de atrás.

 

Marc reconoció el acento argentino, pero aun así no pudo evitar voltear a la parte de atrás y confirmar que Cerati estaba sentado en el asiento posterior.

 

Quería devolverte la visita de hace un rato. ¿Qué tal te sentiste en mi cuerpo? Es una verdadera maravilla mi madre, ¿no te parece?

 

Pensé que todo había sido un sueño muy real, de una terrible claridad, pero nada más.

 

Se trata más bien de cierta complicidad entre colegas. No es nada sencillo estar en un plano del que no terminas de irte. Ahí tienen mi cuerpo conectado y nada puedo hacer para evitarlo. Mi familia no me deja partir, aunque no haya remedio. Al principio se trata de una condición extraña.

 

No debe ser nada fácil entender algo así.

 

Es como moverte entre tiempo y espacio. Después descubres que el canal para viajar es la música: mi propia música. Allí donde ponen mis canciones se abre algo parecido a una puerta dimensional. Uno va eligiendo en donde manifestarse.

 

¿Y diste conmigo?

 

A través del concierto en la mezcalería de Puebla. Me dio curiosidad tu grupo. Tenían una plática ocurrente y después me interesó que fueras músico. Me fui enterando de que te va bien.

 

Todavía no tan bien como a ti. Me falta mucho por recorrer.

 

Antes que otra cosa, se trata de no desesperarte y estar convencido de lo que haces.

 

Uno tiene que perseverar y evitar decepciones. Aferrarse a lo que cree.

 

Autopista MéxicoOaxaca

 

¿A qué te quieres aferrar, man?, ¿a hablar solo como loco?

 

Rogelio cerraba la portezuela, se colocaba el cinturón de seguridad y arrancaba el auto.

 

Ya van a avanzar. Chocó una camioneta contra una combi de pasajeros. Los pinches choferes no se ponían de acuerdo.

 

Me viste hablando hacía la parte de atrás del auto porque se apareció la segunda parte de mi sueño. La continuación de lo que pasó en Tehuacán. Ahora no estaba yo en el cuerpo de Cerati sino que se apareció para charlar.

 

¡Cabrón, tienes una imaginación potente! ¿Y qué te decía?

 

Pues cosas como que viaja a través del tiempo y el espacio… Puede ir a donde suenan sus canciones.

 

¡Qué loco!

 

Parece una pasada, tío, pero te juro que lo veía claramente. Hablé con él como ahora lo hago contigo. Cuando te subiste se desvaneció, como una disolvencia de una película.

 

Pues ha de ser un sueño que te trajo el mezcal. Un sueño estéreo. Así se llama uno de sus discos.

 

Eso fue… Un sueño estéreo. Estamos en México y tienes razón, el mezcal tendrá algo que ver. Cartas tenía razón.

 

Pues te pudo ocurrir o no; lo viste o no. Pero parece una experiencia cabrona.

 

Me tiene temblando. Sé que suena absurdo pero así fue.

 

Pues ahora aprovecha el trance. Este viaje exprés te va trayendo ondas alucinantes. Es hora de movernos.No tardamos en llegar al centro.

 

Avanzaron lentamente rodeados por gente que prefería caminar a esperar que el tráfico desapareciera. La mayoría iba muy apurada para llegar a sus actividades matinales. Nadie llevaba en el rostro expresión de contento.

 

Debe ser difícil para la gente currárselo por aquí.

 

Oaxaca es uno de los estados de mayor cultura y mayor pobreza. Una de las tantas paradojas de México.

 

Tal vez ahí esté parte de su fascinación.

 

Pues puede que sea así, Marc. Tal vez nosotros muchas veces solo veamos sus broncas con los políticos corruptos, los conflictos magisteriales, la discriminación a los indígenas. A veces dan ganas de escaparse a otra dimensión. Como tú, que primero tetransmutaste a Argentina y luego te trajiste al Cerati.

 

No te burles, Roger.

 

Si no me burlo. Estaría chido encontrar una posibilidad de escape, pero mientras eso sucede, no queda otra que seguir pugnando por las causas terrenales. Aquí me tienes… listo para participar en un Congreso de ciclismo urbano. Aunque tal vez se consiga muy poco. No solo los gobernantes se ponen difíciles, muchos automovilistas y la gente del transporte público ven a la gente en bicicleta como su peor enemigo.

 

Eso seguro. En Barcelona es algo que ha demorado años.

 

Ya casi estamos llegando al centro. Mira, tengo que ir al evento este, pero por la tarde me desocupo. Si quieres podemos vernos.

 

Todavía no tengo muy claro lo que voy a hacer. Dame tu teléfono y te aviso. Si me dejas en el centro por mi está bien.

 

De entrada tienes el convento de Santo Domingo, el mercado y un centro cultural muy interesante. Aunque igual y quieres ir al Museo del mezcal.

 

Buenas recomendaciones las primeras; si me tomo por ahora otro mezcal no tengo idea de lo que pueda pasarme. En una de esas, me vuelvo invisible o me voy de juerga con el Cerati. Todavía esos sueños en estéreo me descolocan.

 

Pues tómatelo con calma. Relájate y bebe un café en la plaza. Pero déjame decirte que muchos dicen que esta es una tierra de fantasmas.

 

Lo voy a tomar en cuenta. Muchas gracias.

 

Los portales. Oaxaca, Oaxaca.

 

Marc se sentó en uno de los restaurantes de la arcada que recorre la Plaza. Algunos apenas iban abriendo. Todavía era temprano. A su alrededor la vida parecía transcurrir a otra velocidad, a un ritmo distinto. Había mucha actividad que le era ajena.

 

Le interesaba dejarse llevar por el momento. Un vientecillo frío levantaba algún mantel y las servilletas. Pidió un café. Estaba convencido de que todo debe cambiar de ritmo. No siempre puedes ir a toda velocidad. Si de repente te detienes puedes ser consciente de la velocidad que llevabas. Y si nunca aceleras puede que pierdas cualquier capacidad de hacer un esfuerzo extra. Hay mucha gente que se muere de nada. Las veces que pisas el acelerador a fondo te permiten comprobar de qué eres capaz.

En esa mesa matinal lo invadió una sensación peculiar al darse cuenta de que todo el universo se encuentra en movimiento. Nada permanece estático. Le pareció agradable darse cuenta de ello. Así el tiempo y el espacio sean algo muy relativo. Hay muchísimas cosas que no podemos ver a simple vista.

 

Se dio cuenta que una de sus tareas como músico consiste en buscar esas nociones y convertirlas en canciones. Compartir sus experiencias. Le hacían bien esas escapadas. Recobraba la confianza en su oficio. Pensó en la manera en que la gente recuerda a Cerati y lo mantiene presente. Su obra va más allá de la memoria y el recuerdo. De alguna manera no dejará que se vaya nunca. Es atrayente esa forma de inmortalidad. Cualquier artista se sentiría seducido por ella. No queda más que aferrarse a la perseverancia.

 

Finalmente, Marc Gili entendió a qué había ido a Oaxaca y por qué se había separado del estudio. Pidió un bolígrafo al mesero y cuando se lo trajo le respondió:

 

Gracias, Gustavo. 

 

Por nada, pero no me llamo Gustavo. 

 

—Solo era un decir. Tomó un trago corto de su café. Sacó de su chamarra una libretita de apuntes y escribió:

 

Le conocí una noche

bebiendo mezcal

yo buscaba respuestas

y alguna verdad.

 

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