El papá cara de pizza

Me presento. Yo soy Chuy Toledo y vine a Ciudad Perla porque me dijeron que aquí podía encontrar a una chica medio loca que se llama Diana, sí, como la Cazadora, pero esta aún no está tan loca para andar encuerada por todos lados. Ya ustedes la conocerán. En realidad no vengo de ningún lado y nunca he salido de Perla, salvo en las vacaciones cuando nos vamos a la playa. Soy de Perla, pero siempre me he sentido como de otro lado aunque aún no tengo muy claro de dónde. ¿A ustedes no les pasa? Mi profesor de literatura dice que me paresco a Bob Dylan por los chinos. Yo no sabía de la existencia de ese señor. Cuando llegué a mi casa lo busqué en internet y me gustó la idea. Esuché sus canciones y me cayó mejor. A partir de ese momento me convertí en Dylan Toledo, sí, con todo y lentes oscuros. Así andaré por la vida –me dije desde ese momento. Dylan por aquí, Dylan por allá. Hasta mis papás me decían así y yo era feliz. Como que el haberme bautizado como Dylan me hubiera convertido en otra persona y todo era como más interesante. Ojalá Diana piense lo mismo. Yo no quiero salvar al mundo, sólo sentirme más Dylan que Chuy y quebrarle los huesitos a Diana.

 

Diana, Diego y yo siempre andábamos vestidos de negro. Les platiqué de la etapa oscura de Dylan y les encantó la idea de que tuviéramos la nuestra. También nos pusimos las gafas y eso era señal como de pintarle mocos a la realidad. Mocos todos. Mocos culeros. Mi mundo es oscuro y me vales madre. Aquí nosotros sobramos, pero con mis gafas todos valen madres.

 

En la escuela los maestros nos decían que parecíamos vampiros. A nosotros nos valía madre y después otros chicos se empezaron a vestir como nosotros. Todos sobrábamos y todos nos moríamos de ganas por decirles a todos: Mocos.
En la última semana de clases, nos avisaron que la mamá de Diego había muerto. Diana y yo somos sus mejores amigos y entonces lo fuimos a ver a su casa. Diego estaba como si nada. Nos pidió que lo acompañáramos y eso fue lo que hicimos. Los tres, junto con su papá cara de pizza fuimos hacia el panteón donde la iban a enterrar. El señor nos dijo que mejor no bajáramos del auto, que mejor nos esperáramos hasta el final para que Diego no la pasara tan mal. Entendimos y estuvimos de acuerdo. Diego ni siquiera le contestó, estaba jugando con su teléfono. Fue Diana la que le dijo que no se preocupara, que nosotros íbamos a cuidar a Diego hasta que regresara. El señor se fue y Diana le subió al radio. Era una tarde sin frío ni calor, como todas las tardes de Ciudad Perla. En eso estaba pensando cuando sentimos un manotazo de gigante en la parte de atrás del auto. Cuando voltee sólo había tres señoras elegantes y al parecer inofensivas, con unas mascadas negras que les cubrían gran parte del rostro. Lo único que se les alcanzaba a ver eran sus enormes narices.

-¿Ya viste qué raras mujeres? –le dije a Diana que estaba muerta de risa.
-Tienen la misma nariz, de seguro las hicieron con el mismo molde. Son como unos cuervos enormes.
Entonces fue cuando tomé conciencia de que las señoras cuervos no eran muy normales para una ciudad como Perla, quizá en Baltimore serían de lo más común, pero aquí no.
-¿Crees se hayan escapado de un circo? –me preguntó Diana con una sonrisa nerviosa.
-En los circos nunca he visto mujeres cuervo. He visto mujeres barbonas, niñas zapas, pero ¿mujeres cuervo?

Las señoras se asomaban por las ventanillas, pegaban sus enormes narices hasta dejarlas empañadas. Con mis gafas podía sostenerles la mirada sin ningún problema, hasta tuve el detalle de acercarme para darles un besito en la punta de la nariz.

-No seas asqueroso –me dijo Diana.
-(Claro chiquita, yo sé que te mueres porque te de tus besotes) –pensé, mientras ella ponía su cara de fuchi.

Las mujeres se pusieron frente al auto y no dejaban de hablar y manotear como si estuvieran discutiendo, escuchábamos todo lo que decían sobre la madre de Diego. Diana, nada chismosa le bajó al radio y justo en ese momento escuchamos: “Le tuvieron que hacer dos hoyos. Uno para su cuerpo y el otro para su lengua”. –dijo una, sin dejar de mirarnos. Diego también lo escuchó, suspendió por un segundo el juego en su celular, pero después regresó con una sonrisa.

-Las señoras cuervo siempre han sido así –dijo Diego.
-¿Cómo? ¿Entonces las conoces? –preguntó Diana, muy alterada y con ganas de arrebatarle el teléfono.
-¿Conocerlas? Diana, por favor, cómo no las voy a conocer si son mis tías. Sí, son las tías…cuervo. A veces cambian y les da por andar de lobas, águilas ¿verdad que son iguales? Son las hermanas mayores de mi papá –le contestó Diego, sonriendo. Son unas viejas locas que siempre odiaron a mi mamá, pero cuando les digo que están locas no es en un sentido figurado, las pobres se han pasado toda la vida padeciendo su locura.
-Pero están hablando mal de tu mamá en su entierro, eso no se vale –le dijo Diana.
-Siempre lo han hecho, por eso no te preocupes, además en el fondo son buenas mujeres, lo que pasa es que son unas horribles brujas y tienen un tamaño descomunal, ah, y están locas, pero de ahí en fuera son como cualquier persona.
-Entonces por eso tu papá…-intentó decir Diana, pero en ese momento las mujeres cuervo y Diego se voltearon hacia ella esperando el comentario acerca de su papá.
-No te recomiendo que hables de mi papá. Ya sé qué es lo que ibas a decir, pero ni se te ocurra, ni lo pienses. No es por otra cosa, pero las tías se ponen mal cuando alguien habla mal de su hermanito.
Diana cambió el tema de inmediato y las mujeres cuervo volvieron a enrrollarse en sus trapos. El silencio era molesto. Diana era hiperactiva y yo me moría de ganar por ir a ver las tumbas, comprobar si era cierto que se habían hecho dos hoyos para la mamá de Diego.

-¿Podemos bajar a ver? –le pregunté en secreto a Diego.

-¿Ver? Pues ni que fuera circo -contestó Diego sin dejar de jugar con su teléfono. La muerte de su mamá no le había pegado en lo absoluto. Diego estaba pegado a su teléfono sin hacer mucho caso de lo que sucedía alrededor de él.

Vi de lejos al papá de nuestro amigo, se despedía de los familiares uno por uno. Ya sabíamos que no era un hombre guapo, pero su imagen no dejó de sorprendernos. Escuché que le preguntó a su hijo si quería comer una pizza. Diego le contestó que no; pues claro, ni que fuera caníbal. Yo no sé, pero si mi papá tuviera esa cara lo menos que se me antojaría para una cena coqueta es una pizza. La frialdad de Diego comenzaba a desesperarme, pero en ese preciso momento viré hacia el señor cara de pizza. Lo miré por un segundo y después miré a Diana. Ella parecía no importarle las llagas que tenía el señor. Creo que lo que más le preocupaba era que Diego no podía despegarse de su teléfono, pero yo estaba aterrado. La cara del señor me hacía recordar la película de Freddy Krueger, ese tipo loco que se metía a tus sueños y que desde ahí te volvía loco.
-¿Y ustedes, chicos, quieren la pizza? –se acercó el pizzañor esparciendo su aliento a tumba egipcia.
Diana le contestó que sí y de inmediato fue hacia Diego para reclamarle que ya dejara en paz el teléfono, que si seguía así, también lo iban a enterrar con todo y celular. El señor cara de pizza miró fijo a Diana con sus ojos de aceitunas negras.
-Señor, discúlpeme, pero tenemos que hacer algo con Diego ¿ya se fijó que está mal (está hecho todo un Idiota)? –dijo Diana, mientras buscaba en su disco duro las palabras menos agrevisas.
Quizá sea yo el que imaginé todo. A lo mejor el señor cara de pizza sea un Brat Pitt con cutis de nalga de bebé. Mi mamá ya me había dicho que de tanto ver películas de terror me iba a volver loco. Ustedes pueden pensar lo que quieran, pero mientras Diana dirigía las palabras al señor pizzahut, a éste se le derretían los cachos de queso. Sí, hombre, como para darle una mordida.
Fuimos por la Pizza. La comimos afuera de un OXXO mientras veíamos los autos estacionarse. Diana no habló. Diego seguía metido en su teléfono y yo cruzaba un par de palabras con Don Pizza sobre marcas de cigarros.
-¿No crees que estás muy chico para fumar? –me preguntó Don Pizza, mientras se deboraba los dedos.
-No soy un adicto. Fumo un par de cigarrillos a la semana.
-¿Te drogas? –me preguntó Fredy, mientras abría la caja de tabacos, soltando una sonrisita de cómplices.
-No –le contesté serio, mirándole sus ojos de aceitunas.
-No te molestes muchacho –dijo el papá, mientras se quitaba el abrigo, para quedarse con el suéter verde con rayas rojas idéntico al de Freederick Charles Krueger. ¿Te fumas uno conmigo? –me preguntó.
Lo tomé sin pensarlo. Me ofreció el fuego y vi el fondo de su alma por sus ojos. En ese momento imaginé a mi madre, sirviéndome esos líquidos raros proteínicos, mientras me repetía: te vas a volver loco, esas películas te están carcomiendo el cerebro. Y creo que tenía razón. Mi cerebro había crackeado y el mundo se me empezaba a presentar como una pesadilla en la calle del infierno. Uy.
Desde ese día nuestro amigo Diego como que se hizo mayor, amargado, así, de un día para otro. Teníamos catorce años y su cerebro ya se había fundido por los videojuegos y la muerte de su madre. Diego estaba convertido en un señor cascarrabias y Diana se la pasaba regañándonos como si fuéramos sus hijos con déficit de atención. Diana había decidido regañar y corregir a todo el que estuviera enfrente desde que su papá murió de cáncer. Fue la única forma de sobrevivir a ese golpe que vivió hace apenas dos años. Pero eso no impedía, ustedes ya saben, Diana era la responsable de mis erecciones de los últimos meses y no iba a descansar hasta que aflojara; bueno, si por lo menos fuera capaz de decirle algo… Muy Dylan y todo lo que quieran pero soy re sacatón, me tiemblan las chichis cada vez que la tenía de frente. Ya saben, pocos huevos. Y Diana ni por aquí le pasaba que estaba muerto por ella.
?Antes de irnos del OXXO Diana interrumpió el silencio para invitarnos a sus quince años. A ella no le gustaba nada de esas cosas. Nos explicó que su mamá y su padrino (actual pareja de su mamá, pero se supone que nadie lo sabe) estuvieron chinga y chinga para que Diana aceptara la fiesta y todo el rito de la presentación ante la sociedad. Diana se mostraba muy molesta y nos preguntó si queríamos ir. Diego y yo nos quedamos viendo.
?-¿De chambelanes? –preguntó el Diego, muy serio.
?-Eres un idiota, no voy a tener chambelanes, eso es para nacas.
?-¡Ay sí, pinche naca! No te hagas, seguro que tu vestido es del América.
?-¿O del Chivas?
?-No, no, del Cruz Azul
?-¿Le vas al Cruz Azul?
?-Son unos idiotas, nos vemos luego.
?Don Pizza intentó detenerla, pero salió hecha un diablo.
?-No se preocupe, su casa ya está muy cerca –le dije al señor para calmarlo e impedir que se le cayeran los pedacitos de piña que aún llevaba en su frente.
?Después nos fuimos a casa de Diego y cuando el papá cara de Pizza se despidió, en ese momento mi amigo se olvidó de su teléfono. No hice ningún comentario. Prendió la tele. Una sesión de zipeo hasta encontrar el canal de fiestas gringas en donde todas las chicas andaban en tanga bailando muy chachondas.
?-Ya sé –me dijo Diego, quitándose las gafas y la tristeza por la muerte de su jefecita. ¿Estás pensando lo mismo que yo? –me preguntó
?-Se (con cara de perrito hambriendo fuera de carnicería)
?-Hacemos un after después de los quince de Diana. Nos llevamos a todas y hacemos un orgía.
?-¿Qué es eso? ¿Orgía?
?-Pues una cogedera, todos contra todos, como en las películas.
?-Eso no existe, sólo pasa en las películas –le dije muy convencido.
?-¿Es cierto que tus papás hacen películas porno?
?Bueno, esa es una historia que seguramente les va a interesar. ¿Cómo es la vida de los papás pornógrafos de Dylan Toledo? Tengan un poco de paciencia, más adelante les platicaré todo ese rollito.
-¡Claro que existe! Yo las voy a convencer, tú déjamelo y ve escogiendo a tu reinita.
?-Pido a Diana.
?-Eso es todo tigre, vas a ver qué buena fiesta armaremos.
?-¿Y crees que nos den permiso?
?-No me chingues, no me digas esas eso ¿permiso? Eres un pinche ñoñazo. Lo puedo creer de todos, ¿pero de ti?
No era la primera vez que me topaba con tipos que pensaban que por el hecho de que mis papás habían producido unas cuantas películas porno, daban por hecho que yo era una especie de anticristo.
-Para eso están las mentiras, les dices que tienes una pijamada o un retiro espiritual de la escuela, no sé, cualquier pretexto es bueno, pero esa fiesta no te la puedes perder ¿entendido?
?-Tengo que convencer a mis papás, ya sabes cómo son.
?-Todos sabemos quiénes son tus papás, son de lo más raro que hay, pero bueno, supongo que todos los papás en el planeta tierra son iguales, por eso no te preocupes.
?-Oye, estás consciente que hoy murió tu mamá. Estás como si fuera cualquier día. Y luego te la pasaste todo el tiempo metido en tu celular. ¿Crees que eso sea normal?
?-Yo qué te puedo decir de normalidad. Nunca he sabido qué es eso. ¿Ya te fijaste en mi papá? ¿En mis tías? ¿Tú crees que sea normal?
?-Bueno, me refería al sentido común, por lo menos.
?-¿Tener papás pornógrafos se te hace normal?
?-Pero jugar con tu teléfono mientras están enterrando a tu madre tampoco está bien.
?-Creo que no me entiendes. Sígueme. –me dijo Diego, muy decidido, mientras salía hacia el corredor de la casa, rumbo a las escaleras. ¡Y espero que con esto me entiendas!
?Abrimos una puerta y vimos una pantalla enorme. Medio cuerpo del Señor Cara de Pizza estaba adentro, como si la pantalla se lo estuviera tragando, como si fuera un clavo mal metido en la pared.
?-¿Esto qué es? –le pregunté a Diego, con ganas de salir corriendo.
Por un momento pensé que se trataba de mis alucinaciones, pero al ver la tranquilidad de Diego con la que me iba explicando el juego, dejé a mi Dylan morboso suelto.
?-Mi padre es adicto a este juego. Lo hace desde niño.
?-¿Qué juego es?
?-Cyco Vision. Ha estado prohibido desde hace años, pero mi padre y unos cuantos lo juegan de forma ilegal.
?-¿Prohibir un video juego?
?-¿Ya le viste el rostro a mi padre? Todo es consecuencia del juego. Mi madre también lo jugaba, pero a ella le fue peor.
?-¿Murió por el juego?
-Lo poco que escuché fue que Cyco poco a poco te permite conocer “la verdad”. Lo inicias jugando desde el sillón como todos los demás, pero poco a poco se va acercando hasta que te traga por completo.
?-¿Entonces así murió tu madre?
?-No lo sé, supongo que sí. No sé cómo fue que mi papá recuperó el cuerpo. Toda esa parte me la perdí porque me quedé en shock cuando mi papá me dijo que mamá había desaparecido. En ese momento sí me puse muy mal ¿te acuerdas?, fueron los días cuando llegaron por la directora y yo aproveché los días que se cerró la escuela para desaparecerme por un tiempo.
?-Diego, ¿me estás diciendo que a tu mamá se la tragó esa pantalla? ¿Y que se murió porque era un adicta a Cyco? ¿No crees que es demasiada fantasía?
?-No tengo por qué mentirte, se trata de mi madre. Lo primero que recuperó mi papá fue su lengua. Y lo primero que se me vino a la mente es que si la iban a traer por partes.
-Eso fue lo que dijeron las mujeres cuervo.
-¿De qué hablas?
-De la lengua de tu mamá, que las iban a enterrar separadas, en dos hoyos distintos, uno para la lengua y otro para tu mamá.
-Mi mamá habló, ese fue su problema.
-¿De qué? ¿La verdad de Cyco? ¿Es como una maldición?
-De hecho lo es. Habló y por eso le cortaron la lengua. Días después llegó el cuerpo. Lo que ves ahí no puedes decírselo a nadie. Cyco Vision muestra la verdad que buscas. Es algo un poco complicado. ¿No te ha pasado según tú andas en busca de algo, pero en realidad es otra cosa? Es un poco como las enfermedades. Por ejemplo, la gente que se enferma de gripe no es un asunto físico, van al doctor porque se sienten mal, pero en realidad, lo que necesitan es que alguien les de un poco de atención. El cuerpo muestra las verdaderas necesidades, no lo que hablas. Cyco Vision sabe muy bien eso. Tú puedes pedirle algo, pero Cyco te responde lo que en verdad buscas ¿sabes lo que significa eso?
-No te creo. Un juego te envicia o te vuelve idiota, pero todo lo que me platicas es una locura.
?-El final del juego es quedarte adentro. Tu cuerpo se regresa, pero algo se queda en el juego. Mi padre es uno de los pocos que va y viene, pero ya viste lo que le está costando. Se está convirtiendo en un monstrou. Su cuerpo está hablando de todo lo que está viviendo.
?-¿Qué es lo que se queda en el juego?
?-Nadie sabe… ¿Quiéres jugar?
?Imaginaba el rostro de Freddy Pizza y pensaba en su pregunta que me había hecho en el Oxxo sobre las drogas. Él sabía muy bien que yo me iba enterar de su adicción al Cyco Vision.
?-¿Quieres probar un poco? –me preguntó Diego.
?-No jodas, mejor me cojo a una puta en Río de Janeiro sin condón. ¿Crees que soy idiota? Métete tú si muchos huevos.
?Diego sonrió y me invitó a que saliéramos de la sala.
?-¿Oye, y cómo está eso de las películas? –me preguntó Diego.
?-¿A qué te refieres? ¿De qué hablas? –le pregunté
?-¿Es verdad que tus papás producen películas porno?
?-¡Ah! Ya me habías espantado, pensé que se trataba de otra cosa. Sí, ya llevan unos años haciendo videos. ¿Quieres ver una? Pero de una vez te digo que no verás lo que te imaginas.

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