Diario de un fumador: día 5 y 6

El quinto día no lo sentí, pero algo raro estaba pasándome. En una reunión no dejé de hablar por más de dos horas y noté que los demás me miraban de una forma muy rara. El sexto día fue muy tranquilo, hasta que me acordé que era Jueves, el viernes chiquito en donde las costumbres casi siempre se imponen. Sudé, estuve a punto de decir: está bien, vamos por una cerveza y los cigarros de inmediato aparecerían; pero no, de mi boca no salió nada y por esa razón estuve con mi hija un rato, leí y ahora escribo. Dejar el cigarro para hacer lo que me gusta, tener más tiempo para hacerlo.

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