Lunes y la maestra vampira

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl temido lunes había llegado. Y si de por sí me daban dolores en la panza al llegar ese día ahora estaba frito. Todo el domingo me la había pasado armando una condenada maqueta del día de muertos que mi mamá diseñó detenidamente mientras veía la televisión. Toda la tarde nos la pasamos recortando, dibujando y pegando cada uno de las piezas de mi tarea. Hasta eso no la pasamos mal, apagamos la televisión y mi mamá se la pasó contando historias de cuando era niña ¡uyyyyy!

Mi mamá me dio mi leche con una concha y me fui a dormir. Las pesadillas no se hicieron esperar. Me soñé montado en un burro y junto a mí a mi mamá con montada en un caballo blanco. ¿Esta no es una escena del Quijote? ?me preguntaba entre los borregos que iban saltando las nubes.

?Mamá, ¡una amenaza!

?No soy tu mamá por ahora ¡Soy doña Quijote!

?Mamá Quijota: ¡Una amenaza! ¡La maestra Lourdes en forma de vampiro!

Mamá Quijote cargó la escoba y comenzó a soltar escobazos hasta que le dio en la tatema, rompiédole sus dos colmillitos: ¡Plas!

?Me las vas a pagar niño cartucho, así sea lo último que haga.

El amanecer me sorprendió con los ojos pelones, imaginando la silueta de la maestra vampiro saliendo por mi ventana. Por fin había terminado la pesadilla, pero de inmediato el dolor de panza me atacó como una lanza.

6:10 a.m. Los gritos de mi mamá se hicieron presentes:

?¡A bañarse! ¡El desayuno!

?¡Otro ratito ma!

Pero los cinco minutos se hicieron quince y cuando volví a abrir los ojos tenía treinta para llegar a la escuela y enfrentarme a la maestra vampira. De un salto salí de la cama para ir a la regadera.

?¡Es agua está fría ¡¡¡maaaa!!!!

A duras penas pude lavarme la cabeza y lo que uno tiene que lavarse. Dos minutos. Cuando salí del baño mi mamá ya estaba esperándome con el plato de huevos con frijoles.

?¡Guácala! ¡Yo quiero mis chococrispis!

Y mientras me ponía mis calcetines una cucharada directa hacia la mandíbula. Calzones ?¡Cucharada!?, pantalones ?¡Cucharada!?, playerita ?¡dos cucharadas!? ¡moles! Y el golpe final ¡Victoria de mamá! En cinco minutos ya íbamos mi mamá y yo en camino hacia la parada del microbús, saltando los charcos, el lodo, los perros bravos, los autos que hacía todo lo posible por salpicar mi recién planchado uniforme que hoy seguramente la maestra vampiro me revisará.

Pues ahí voy, con mi enorme mochila que casi está de mi mismo tamaño. Ahí voy escurriendo agua, con los bigotes de la leche y maniobrando, salvándole la vida a mi maqueta. Mi mamá estaba desesperadísima, viendo su reloj a cada segundo hasta que llegó el microbús enorme.

A mi mamá le caen gordos todos los choferes por mandados. Dice que son unos nacos mal educados, que cuando no arrancan cuando uno ni siquiera se ha subido, ya le andan echando piropos, pero pues mi mamá es muy bonita.

El chofer que nos tocó era un gordito que tenía un diente de plata que le hacía juego a su pulsera anchísima que le habían regalado sus demás compañeros de la ruta por haber salvado a otro chofer que había tenido un accidente. Y ese gordito, déjenme decirles que estaba enamoradísimo de mi mamá, no dejaba de sonreírle, mostrándole la brillante dentadura.

?Ya deje de estar papaloteando y vámonos que a mi hijo se le hace tarde para llegar a la escuela.

?Sus deseos son órdenes reina.

Fum, fum hizo el microbús y de inmediato arrancó parándose solamente en los altos, en donde la gente aprovechaba para subirse. Los músicos y los payasos no faltaron. El chofer le dio unas monedas a los músicos para que le dedicaran una canción a mi mamá. Con los payasos nadie sonrió; creo que hasta se enojaron.

Ya estábamos a punto de llegar a la escuela cuando unas señoras medio gorditas se subieron con sus canastas de comida; al siguiente enfrenón las señoras gorditas fueron hacia mí, hacia mi maqueta que quedó hecha polvo. Mi mamá dio un grito que hizo que toda la gente se quedara en silencio.

?Aquí bajamos ?dijo mi madre, mientras todos los pasajeros guardaban silencio, mientras me imaginaba a la maestra vampiro afilar sus colmillos.

?Yo le voy a explicar lo que pasó a la maestra ?dijo el chofer.

?Yo también iré ?dijo la señora gordita.

?Vamos todos ?dijo otro señor, aunque lleguemos tarde a nuestros trabajos.

?Sí contestó el resto de los pasajeros.

Y todos nos fuimos caminando hacia la escuela mientras mi panza estaba a punto de explotar.

La señora que cuida la escuela se espantó al ver a tanta gente y nos explicó que era imposible que todos entráramos a ver a la maestra.

Mi mamá se agachó para darme la bendición, acomodó mi cuello y dejó que fuera solo hacia mi salón donde me encontraría con la maestra vampiro. Las piernas me temblaban, las manos me sudaban y sobre todo, me dolía la panza.

La puerta estaba cerrada; toqué despacio mientras los frijoles se peleaban unos contra otros dentro de mi panza. La puerta rechinó como si fuera una película de terror, pero en lugar de ver los colmillos afilados de la terrible profesora, una mujer bellísima me sonrió.

?¿Y tú cómo te llamas?

?Joe

?Llegas muy tarde, eh

?Es que el microbús…una señora gordita cayó encima de mi maqueta y se rompió.

?Está bien, pero que no se repita.

El regaño nunca llegó. El cambio de profesora fue un golpe de suerte. Mi mamá y yo nos pasamos toda la tarde repitiendo la maqueta mientras me platicaba las mismas historias de siempre.

Yo me imaginé a mi mamá en su caballo y yo en mi burro destruyendo vampiros entre los campos de nubes.

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