¡Qué chingona es Tijuana!

Entre más leo a Rafa Saavedra más me gusta. Imagínense. Hoy comencé a leer el libro a las 10 am, cuando tuve que salir de mi casa porque una amiga de mi esposa iba a llegar a desayunar cosas muy sanas como las de siempre. Por suerte, en la esquina ( algo lejana) hay un café en donde venden Té de manzana y leí la mitad del libro ¿Qué chingao es Tijuana? Me la imagino, pero aún no me quiero responder. Algún día estaré por allá para ver lo que se siente. Bueno, pero ahí no acaba la historia. Regresé y aún estaban desayunando cosas muy saludables como siempre. Saludé como las mamás siempre enseñan y después manejé dos horas a Tecamachalco para dar un taller fantasma de cuento. Sí, muy fantasma porque no llegó nadie. Me comí unos Ruffles de queso para matar el tiempo y lo que me queda de flora intestinal. Seis de la tarde y nada. De regreso a Puebla, siempre pensando en Tijuana. Ahora tenía que aguantar una junta de vecinos cuyas demandas de entendí, pero dije que sí, que eran muy importantes todos los comentarios. Jugué hasta las 10:45 pm con mi hija y después regresé al libro de Rafa. Tremendo. Inspirador, ágil, el tipo es una pistola para la crónica y para renovar las formas de esos “géneros”, ya me estoy imaginando la cara de mis alumnos cuando leamos en clase algo de esto. Cuidemos a Tijuana, ahí está el futuro. No sé sí sea bueno o malo, pero se nota divertido.

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