Domingo sangriento: Terror en la librería

20121202-210157.jpg

Tenía un par de meses que no escribía la crónica clásica de los domingos. De hecho tenía pensado dejarla por siempre. De pronto estar en contacto con la muerte de forma cotidiana puede alterar tu equilibrio mental. Sin embargo, hoy fui testigo de una muerte; perdón, esa no es la palabra: ¿testigo?: ¡cómplice!
Desde que era niño los domingos se traducen a largos momentos de ansiedad y aburrimiento. No soporté. Le pregunté a Mayra sí quería ir a dar una vuelta. Mi hija se puso feliz y salimos. Les advertí que haríamos un tour a varias librerías. No les importó mucho. La primera fue una que se encuentra en la Av. Juárez, no tenía muchas propuestas en mente pero para matar el tiempo de un domingo no hay nada mejor que perderse entre los estantes de una librería. Ésta es de dos pisos y me hija deseaba subir. La tomé de la mano, asegurándome que por ningún motiva se me pudiera escapar. Al parecer, mi hija lo entendió y subimos sin ningún problema las escaleras. Vimos muchos títulos, colecciones. Tenía rato que no vagaba por las librerías. Sin embargo, no me sentía en completa libertad. Comenzaban los berrinches de mi hija y el juego de esconderse por todos lados. Su velocidad me estresa, basta un par de segundos para perderla de vista y sentir lo peor. Afortunadamente no había muchos títulos que llamaran mi atención, así que no había segundo en que no estuviera vigilando a mi hija. Hasta que vi El palacio del porno de Jack O’ Connell. Era un libro hacía tiempo quería leer y por fin lo había encontrado. Fueron segundos, no sé, quizá tres o cuatro, lo suficiente para perder de vista a mi hija. El sudor fue frío, el corazón estaba a punto de estallarme. Estaba a punto de gritar cuando se escuchó un fuerte estruendo, como si algo hubiera caído desde el segundo piso. Tenía los ojos cerrados y con un leve zumbido en mis oídos. Cuando los abrí mi hija estaba observándome y tenía en sus manos un libro de historias sobre Hadas. La abracé y bajamos las escaleras con cuidado. Abajo había un montón de gente rodeando un cuerpo que había caído. Al parecer iba solo porque nadie aceptaba conocerlo. Busqué a Mayra, intentaba ver el cuerpo. Fui hacia la caja, saqué mi credencial de descuento y pagué. Regresamos a la casa. Ya habría tiempo para visitar las demás librerías.

 

1 Comment

  • Carmen torres fores
    Posted December 9, 2012 2:24 pm 0Likes

    Que susto! Pero si se tiene la responsabilidadf de un niño y se sabe que uno se puede distraer un buen rato. O cargo al niño o lo sujeto de la mano y me resigno a gozar el poco tiempo que me permita su paciencia. Ni modo pero solo asi estoy tranquila. Sakudos.

Leave a comment