Mañana presento el no. 177 de la revista Tierra Adentro

Mañana a las 5 pm presento el número 177 de la Revista Tierra Adentro. Debo de confesar que fue una de las primeras revistas que me causaron adicción. Me encantaba porque en aquella época todo lo que venía incluido era una especie de anuncio de nuevas tendencias y eso me encantaba, me hacía pensar que no estaba tan lejos de la ebullición creativa, pero después no sé qué pasó, de pronto se hizo repetitiva, aburrida, oficial y muy de hueva. La dejé de comprar y la olvidé por completo. Como que ya estaba bueno de ver en las portadas a tanto Toledito incomprendido y cómo no, también distraído. Y así pasó el tiempo hasta que me volví a encontrar con la revista en un formato más atractivo y con algunas secciones que me volvieron a interesar y bueno, ahora estoy en el boleto de presentarla.
Hoy abrí un café, en esta semana me cambio de casa y mañana tengo tres presentaciones, así que seré muy breve. Si hacemos un comparativo con el arte culinario, el 177 sería un platillo bien balanceado, sin grasa pero con buen sabor, un buen trozo de carne y para los veganos me imagino que una ensalada bien aquí, todo en verde.
La entrada es suculenta, sobre todo el texto de Romeo Tello que lleva por título: Allá en el fondo, está la muerte (pero no tenga miedo). Artículo que me llevó al momento en que me enrolé en una relación sonámbula con Rayuela, en verdad, ha sido el libro más extraño y que me llevó a leerlo en forma más extraña. Es una novela que no me dejaba en el día y mucho menos en la noche y no porque estuviera “muy buena” como dicen los críticos del New York Times cuando se refieren a las novelas de Fuentes, me traía loco porque no entendía nada, pero es cierto, Cortázar ponía en primer plano el juego, lo fantástico, el instinto creativo, sacudir al lector, provocar extrañeza, descolocarlos, obligarlos a ver las cosas de modo distinto como bien lo dice Romeo Tello. Después de hacer esta lectura tengo que regresar a Cortázar.

Una buena Estrada es una invitación para los siguientes platillos: la entrevista de Imanol Caneyada y su texto La palabra que pronuncia el rugido, el texto de Shaday Larios y Ángel Hernández y el submarino petrolero de Tampico que ya me dieron ganas de conocer. La radiografía del periodista musical de Enrique Blanc y La otra música mexicana de Alejandro Mancilla que humilla a cualquiera con ese panorama sobre música alternativa en México. Hasta aquí yo ya hubiera estado completamente satisfecho. De momento detuve la lectura trataba de convencerme de que estaba leyendo una revista pagada por el CONACULTA, no es que traiga algo en contra pero por lo regular son muy aburridas.
Y el postre fue lo mejor, el texto de Elma Correa. No voy a decir más: es maravilloso y me provocó un bienestar que me duró todo el día. Olvidé mi estrés del nuevo café, el rollo del cambio de casa y todo lo demás. ¿Alguien me preguntó hoy que por qué estaba tan feliz? ¿Acaso ese no es el objetivo de una buena revista, del arte?

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