Domingo Sangriento presenta: Nunca juegues con una musa

Melpomene, the Muse Statue in Pavlovsk Park

Cada domingo voy a caminar al parque de las Musas. Está a unas cuadras de mi casa. No es precisamente el parque que prefiero pero es el más cercano. Se cuentan muchas cosas sobre ese lugar: asaltos, escenas de sexo, chicos drogándose. Yo lo único que he visto hasta la fecha es un juego de futbol en donde los jugadores se rolaban un toque de mota. Imagen que me sorprendió mucho. ¿Qué condición física tenían estos tipos que aún fumando mota se atrevían a jugar futbol? Y la verdad es que no lo hacían nada mal.

Siempre pasaba en las mañanas cuando me iba a trabajar y por las noches cuando regresaba. Y en verdad, nunca vi nada del otro mundo hasta el día de hoy. Lo peor de todo es que fue a plena luz del día y en domingo familiar.

La historia inicia cuando la pelota de mi hija se fue hacia un charco enorme que parecía una laguna. No había otra posibilidad de rescate más que ir a dar la vuelta donde estaba una de las diez musas de bronce que tiene ese parque. Debo de confesarles que nunca la había visto. Los arbustos y los árboles que la rodeaban no la hacían aparecer a primera vista. Tampoco era precisamente la más hermosa. Era extraña. Sus piernas eran muy cortas y las tetas muy largas. El rostro impenetrable. Una obra de arte sin alma, con la única intensión de transmitir efectos de asco. Quizá no era ningún crítico de arte, pero tenía el suficiente gusto para detectar bodrios. Sonreí y fui en busca de la pelota de mi hija. Para mi sorpresa la pelota había desaparecido. Busqué alrededor al presunto ladrón pero no había ningún sospechoso. No le di tanta importancia.

Continué con mi caminata, mostrándole a mi hija los tipos de árboles, intentando estimularla para hablar. Fue ella la que me hizo voltear. Sí, era una niña como de cuatro o cinco años que jugaba con la pelota de mi hija. No quise verme como un macabro anciano que goza con quitarle juguetes a los niños. Sólo esperé, tenía que ir con un adulto, su madre, no sé, alguien. Era imposible que una niña de esa edad fuera sola al parque.

Pero ese adulto nunca apareció. La niña iba caminando lentamente entre juego y juego hacia la extraña musa. Yo siempre guardé mi distancia. Pero otro señor intentó detener a la niña para que se acercara al charco. La niña soltó un grito que toda la gente que estaba alrededor pensó o mal pensó que el hombre intentaba hacerle algo a la niña. El señor se retiró lentamente, pero al intentar cruzar la “25” un auto salió de la nada y lo atropelló. Todo el mundo fue a ver el cuerpo. La niña fue hacia la musa, cruzó el charco sin ensuciarse como si hubiera levitado. Ella se dio cuenta de que yo era el único que la estaba viendo. Me hizo la señal para que guardara silencio y me devolvió la pelota. Me agaché para dársela a mi hija y cuando regresé la vista, la niña ya no estaba, sólo se hallaba la musa.

Regresé a mi casa pensando en la relación de la musa y la niña, en el pobre hombre atropellado. Mientras mi pequeña hija intentaba advertirme que algo nos seguía desde que salimos del parque. Por nada del mundo iba a voltear.

6 Comments

  • carmen
    Posted August 6, 2012 4:23 pm 0Likes

    que miedo. el suspenso de la narracion esta bien dosificado. me gusto el cuento. por si las dudas que musa era??? asi no me acercare. gracias

  • Adela
    Posted August 6, 2012 8:54 pm 0Likes

    Existe el parque? ahora quiero conocerlo !!!

  • Su Villegas
    Posted October 31, 2012 4:47 am 0Likes

    Esta’ muy bueno el cuento, gracias por compartirlo!!

  • Sergio Becerra
    Posted October 31, 2012 12:44 pm 0Likes

    Hola, hace tiempo escuché una participación tuya en radio Buap, la sigues teniendo? a qué hora y qué dia? Buen cuento. Saludos

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