Blandió el arma en el pasillo del supermercado

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Llegué tarde al supermercado. La comida familiar se extendió más de lo que habíamos planeado, así que llevaba el tiempo contado para hacer las compras para la semana. Para colmo el súper estaba llenísima. La cola para comprar jamón era terrible, pero no había de otra, comprar en otro lado y en otro momento se convertía en gastos más fuertes, algo impensable para el estado de mis finanzas. Caminaba viendo hacia el piso, no tenía tiempo para ver a las chicas lindas y mucho menos encontrar a un conocido que me preguntaría lo mismo que preguntan todos ¿Cómo vas? ¿Qué me cuentas? Y siempre se responde lo mismo. Todo bien, todo fine, todo en orden. Había tenido suerte y no me había encontrado a nadie. Sólo me faltaba ir por los pañales de mi hija, si pasaba eso, ya estaba del otro lado.
Después de mirar el precio sentí un fuerte golpe en la espalda. ¿Qué onda cabrón? –me dijo una voz que de inmediato distinguí. ¡No podía ser! Tenía veinte años que no lo veía y exactamente el día que más prisa tengo, ahí es donde se aparece. Omito su nombre, pero era el mejor de mis amigos cuando tenía unos diez años. Jugábamos fútbol juntos, rompíamos cristales y sobre todo golpeábamos a cualquiera que se nos ponía de frente. Me dio mucho gusto verlo, ya medio calvo, pero aún con fuego en los ojos. Lo que ya no me dio mucho gusto fue todo lo que platicó. Todo lo que abusamos de los demás chicos de la escuela, de las golpizas que le metíamos a los más débiles. Todo eso lo había olvidado y hoy que me encontraba con el pasado me avergüenza. Sin embargo, a él le daba mucho orgullo. ¿Te acuerdas de Juan? –me preguntó, el que golpeamos en el baño hasta dejarlo inconsciente. Desde luego que me acordaba. Gracias a esa golpiza el tipo ya no pudo llevar una vida normal. Algunos me han dicho que está hecho un imbécil. Hace unos minutos lo vi, estaba en los juguetes –me dijo mi amigo como una invitación a reencontrarme con el pasado. No tiene ningún caso —le respondí, además tengo prisa, ya me están esperando. Comprendí que el tipo que tenía enfrente iría a verlo. Yo me di la vuelta y busqué las cajas.
Cuando llegué a mi casa en la televisión ya se estaba dando la nota. Uno mató al otro. El uno llevaba veinte años esperando el momento. El otro iba a divertirse pero algo falló. El uno lo mató como un imbécil y ahora anda en busca del otro. Esos momentos siempre llegan.

 

1 Comment

  • Carmen torres fores
    Posted August 20, 2012 9:17 am 0Likes

    Ups!! Que susto. Y lko peor del caso es que ni recordamos lo malo de nuestras acciones pasadas .

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