El día del padre

Este es mi segundo año que celebro el día del padre. No me canso de repetir que todas esas celebraciones se me hacen una tomadura de pelo, pero bueno, es un buen pretexto para ir a ver a tu viejo y reconocer que tú (yo) ya anda en esas. El empezó bien. Mi hija se despertó a las 7 de la mañana (la mayoría de las veces lo hace a las 6) y de inmediato mi esposa me hizo llegar mi regalo. Una serie de portarretratos en donde salimos los tres, especialmente Indirita y yo. Me gustaron. De inmediato supe en dónde lo iba a poner. Eso me lo enseñó una querida amiga. Siempre hay que tener fotos de las personas que más quieres para seguir aguantando, para recordar que lo estás haciendo por ellos. La mañana se fue rapidísima, yo me entretuve leyendo La historia de Jack Kerouac en México, escrita por Jorge García Robles. Todo lo que tenga que ver con Kerouac me encanta. Miré el reloj y ya se acercaba la hora de la comida. Tenía que ir a ver a mis papás, comer con ellos, mirar una película, reírnos de algún vecino en desgracia y regresar. Desde que recuerdo todos los domingos en mi casa han sido iguales. Me tomé una cerveza con mi padre. Cada día que pasa lo admiro más por tener esa paciencia inquebrantable. No cualquiera sobrevive a una vida como la que él llevó, sin educación, sin familia; su única arma fue el instinto y el amor hacia su familia. Quisiera aprender tanto de él. Quizá tenga que escribir una novela sobre todo lo que me ha contado, sus noventa novias que siempre presume en cada comida familiar, sus aventuras con mujeres de autos convertibles en Veracruz, su vida durante diez años en donde soportó tres trabajos, cada uno de ocho horas, de su año terrible en el servicio militar en donde un soldado lo aventó al mar con las manos atadas y un cuchillo en la boca. Creo que hay mucho que platicar de mi padre, creo que aún me hace falta descubrirlo como hombre. Terminamos la cerveza y nos despedimos. Indirita le hizo ojitos y yo le di un beso.

Cuando llegamos a la casa vimos algunas patrullas y camiones de la Comisión Federal. Alguien había tirado el poste y ahora todos en la manzana nos habíamos quedado sin luz. Tenía poco tiempo para terminar de leer El disfraz de la inocencia. Al desaparecer la luz nos fuimos a dormir. Eso era lo que me hacía falta, dormir por muchas horas.

No sé a qué hora Mayra me despertó:

-¿Escuchaste? Creo que hay alguien allá abajo.

Sabía que era el eco de algún rayo o alguna rata. Pero yo bajé decidido a luchar, quizá contra cinco o seis hombres armados que iré desarmando uno a uno hasta dejarlos indefensos. Después los amarraré y los dejaré en una esquina en donde pase una patrulla. Esa historia me gustaba. Era la versión de un buen padre que no dejaría que unos cacos le mancharan su día. Mi hija lo creerá, como lo hacen todos los hijos aunque sepan que es mentira.

2 Comments

  • Bek
    Posted June 19, 2012 2:37 am 0Likes

    Qué increíble, pensar que cada momento del día posee una especial singularidad si se vive con los seres que uno más ama!
    Felicidades Mtro. Cartas. 🙂

  • Berro
    Posted June 19, 2012 3:28 am 0Likes

    Siempre seremos héroes para nuestros hijos. Saludos.

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