El futuro de las corbatas

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a Rodrigo Durana

 

Una de las aversiones más fuertes que tiene mi amigo Rodrigo Durana es el uso de la corbata. Puede usar de todo, menos colgarse ese pedazo de trapo llamado corbata. Sus razones tendrá. A mí tampoco me gustan. ¿Por qué? Ahí van unas de mis razones. La primera es básica y superficial. No recuerdo a ninguno de mis ídolos creativos  usando corbata. Con esto no quiero decir que las corbatas sean una especie de ave de mal agüero para la creatividad. Para nada, simplemente no recuerdo a nadie en este momento.

En una reunión de trabajo es prácticamente imposible asistir ( y peor si es entre abogados) sin una (aunque sea una corrientita como las que usa Carlos Slim. ¿Sabían que el muy condenado regatea por ellas?). Podrás no bañarte, no traer calzones y no saber nada del tema de la reunión, pero una bonita corbata te puede salvar. En una de esas, hasta la inspiración te llegue y digas algo interesante. Un amigo me decía: “este es un negocio en donde el protocolo es Dios” y la corbata es parte fundamental.

Existen varias aristas por donde encontrar el origen de la corbata. Los oradores romanos usaban una especie de bufanda- corbata para proteger sus cuerdas vocales y tenerla al tiro para lanzar los choros más mareadores de la comarca. Pero su antecedente real, como corbata, proviene del ejército croata, de hecho de ahí viene la palabra corbata. Eran una especie de pañuelos que les daban los hijos y las mujeres a los soldados croatas. Así que si sus queridas esposas les arreglan la corbata antes de salir a la batalla por la persecución de la chuleta, ya saben de dónde salió el rito. A Louis XIII le gustó y la impuso entre sus soldados. Bastaba que llegara un francés para convertir la corbata en algo elegante, denocualquieralatraeaygüey. Y de ahí pal real. Mucho ha variado, pero dentro de sus mutaciones más locas fue en el Reino Unido, en donde los alumnos aburridos del orden y la disciplina normal de ese tipo de escuelas, se pusieron a darle formas subversivas y connotaciones sexuales. Sí, así como lo oyen. Los canijos muchachos decentes recortaron la punta de la corbata para darle una imagen parecida al pene. La verdad es que yo no le encuentro ningún parecido, pero ese fue el objetivo. Lo peor de todo, es que no lograron incendiar la moral inglesa, sino que hasta gusto le agarraron e impusieron moda.

Creo, sinceramente que la corbata ha sido un objeto que ha seguido por mucho tiempo al varón, y que ha representado el status, el poder, la elegancia y la distinción. No dudo que esa sea la intención  pero desde mi humilde punto de vista, la corbata ya no representa nada de eso, salvo en sus contadísimas excepciones, ahora lo que representa es represión, falta de creatividad, una vida en el marco de cánones desgastadísimos. Por lo menos yo, tengan por seguro que no contrataría a nadie que viniera con una corbata. Le recomendaría que se relajara, que se quitara la soga del cuello y entonces le preguntaría sobre sus sueños, no sobre sus necesidades. Sin duda alguna, no veo al futuro portando una corbata.

 

 

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